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PEDRO VICENTE
León

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Aun a sabiendas de que el 2013 no pintaba nada bien, el inevitable influjo navideño nos había impuesto el voluntarista ejercicio de iniciar el año confiando en ver pronto la luz al fondo del túnel. Pero para qué nos vamos a engañar, apenas ha pasado una semana y ya vemos que la cosa no tiene trazas de cambiar, como no sea a peor, tal como advierte la fatídica Ley de Murphy.

Si en toda España la situación es deprimente, en determinadas comunidades autónomas y provincias el panorama es todavía más desasosegante. No hace falta referir aquí el negro horizonte que se cierne sobre las comarcas mineras. El ministro José Manuel Soria, cual Atila del Gobierno central, se ha propuesto liquidar la minería del carbón y a fe que lleva camino de conseguirlo, sin que nadie sea capaz de detenerlo.

¿Alguien se imagina a León sin sus cuencas mineras? Pues salvo que Mariano Rajoy corrija a su ministro de Industria, eso no va a tardar en suceder. Y si antes de que eso ocurra la provincia ha perdido en los tres últimos años cerca de 6.000 habitantes, el abandono del carbón conllevará, amén del cataclismo social de las comarcas mineras, un desplome demográfico sin precedentes.

A los sucesivos recortes en todo tipo de servicios que veníamos sufriendo se suman en el año reciente estrenado otros de nuevo cuño, como los aplicados en los servicios ferroviarios, que van a hacer todavía mas difícil vivir en un medio rural cada día más precario, con la agricultura colgada de las ayudas de la PAC y la ganadería arruinada por unos precios por debajo de los costes de producción. Y cuando más falta hacía, la Junta de Castilla y León ha abandonado definitivamente el Plan de Convergencia Interior, el instrumento contemplado por el Estatuto de Autonomía para corregir los graves desequilibrios territoriales internos en esta comunidad autónoma.

Con este panorama, presentar un anteproyecto de Ley de Ordenación del Territorio poco menos que como la panacea que va a resolver el doble problema de la despoblación y de la falta de cohesión territorial es algo así como creer que la mera lectura del prospecto va a producir por sí misma los efectos del medicamento. Mientras no se cree empleo efectivo y de manera estable, todo lo demás serán pamplinas, ejercicios virtuales que pueden quedar muy vistosos sobre el papel, pero sin ningún tipo de incidencia real.

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Hay gobernantes que siguen mostrándose refractarios a la realidad, ya sea porque no están dispuestos a que la misma desbarate sus ideas preconcebidas, o porque simplemente ellos y sus reinos no son de este mundo. Y por una razón o por la otra, actúan como el pianista de la orquesta del Titanic: siguen a su bola sin percatarse de que el barco se está yendo a pique.