EDITORIAL

Una decisión sensata y novedosa en la Iglesia que abre las puertas a un cambio

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León

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La renuncia del papa Benedicto XVI es, sin duda, una de las noticias más sorprendentes que se han producido en mucho tiempo. Pero en el fondo entra dentro de la lógica y al analizar la situación se genera la inmediata obligación de alabar la decisión de un papa que, en un ejercicio de sensatez, opta por echarse a un lado admitiendo su incapacidad física para mantenerse en el puesto.

La Iglesia católica es una institución que presenta una complicación muy singular para su gobierno por su extensión física y también por los cientos de miles de personas que forman parte de sus estructuras por los cinco continentes. Y precisamente esa complicación es la que ha llevado a Benedicto XVI a pedir ese relevo porque por su edad no tiene las suficientes fuerzas, como él mismo ha señalado, para seguir guiando la Barca de Pedro.

La decisión del papa es novedosa y presenta ciertos interrogantes pero también es verdad que sitúa a la Iglesia ante la posibilidad de afrontar una nueva etapa. Esa es la posibilidad que tendrá la ocasión de votar los cardenales en el próximo cónclave vaticano.

El cambio territorial en el seno de la Iglesia ha sido importante en los últimos tiempos y la elección del nuevo pontífice puede pasar incluso por otros continentes más allá de Europa, otro hecho que sería totalmente novedoso en la historia. Y es que la actual Iglesia católica está presente en los cinco continentes y la representación hoy es mundial lejos de lo que ocurría no hace tantas décadas ni tantos cónclaves cuando el monopolio del poder era prácticamente europeo en su integridad.

La Iglesia del siglo XX estuvo marcada por el Concilio Vaticano II, un acontecimiento que generó una auténtica revolución en el seno de esta institución milenaria, y ahora casi medio siglo después de nuevo se hacen cada vez más evidentes los problemas que tiene esta institución para conseguir atraer la atención de los propios católicos, especialmente en Europea. El propio Benedicto XVI lo recalcó frecuentemente en sus intervenciones públicas y ahora será el principal reto para el nuevo papa que se conocerá en poco más de un mes si no se produce un cónclave singularmente largo.

El cambio de modelo en la Iglesia es una posibilidad y también un reto fundamental para una institución en la que se han producido gestos como la entrada del propio papa en twitter pero sin conseguir renovar una imagen que en demasiados aspectos sigue encajando mal en la sociedad del siglo XXI.

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El pontificado de Benedicto XVI ha estado marcado por aspectos especialmente complejos para la Iglesia y a nivel personal el papa ha tenido la complicación que supone siempre ser el sucesor de un hombre con un carisma tan marcado como el de Juan Pablo II. Se presuponía como un papa de transición y ahora, tras casi ocho años, cederá el testigo a otro pontífice sobre el que habrá muchas miradas puestas para comprobar si es capaz de asumir y liderar ese reto de renovar la Iglesia.