HISTORIAS DEL REINO
La refeudalización y el campo leonés
Desde hace años se viene hablando, al principio en voz baja, actualmente de forma cada vez más abierta, de «refeudalización». Un término medieval actualizado por las circunstancias de la crisis social, económica y política.
A finales del Imperio Romano, cuando León todavía era campamento militar de la Legio VII Gemina, el estado y su aparato burocrático se tambaleaban: corrupción, abusos de poder, indefensión del ciudadano, huida al campo, pérdida de libertad formaron parte de la suma de factores que desembocó en el lanzamiento hacia un tiempo complejo al que denominamos Edad Media. Entonces, allá por el siglo IV d. C., más que los bárbaros llamando a los fronteras, como hoy los emigrantes sin papeles que todavía acuden al canto de sirena de una supuesta riqueza inexistente, fueron las erradas políticas gubernamentales las que llevaron a una crisis económica que quebró la sociedad romana, favoreciendo la división del mundo en potentiores y humiliores, poderosos y humildes, nobles y pueblo. La corrupción estatal llegó a un punto semejante al actual. Entonces, sin embargo, se podían podar cabezas. Hoy, de puro corteses que somos, sólo damos collejones y no siempre fuertes, a ver si se molestan los chorizos.
Hierve la calle, como entonces, existe inseguridad ante un futuro negro, igual que en el siglo V. Desde Alemania y el mundo anglosajón, los nuevos bárbaros de las finanzas han desenvainado sus espadas, dispuestos a templarlas en la sangre de los más desfavorecidos, a los que siguen exigiendo que carguen sobre sus espaldas impuestos nacidos de bancos quebrados y podridos.
Entonces, como ahora, la población, empobrecida, huyó al campo, buscando alimentar a sus hijos, guarecerse con los familiares, intentando encontrar seguridad en medio de la inestabilidad urbana. Ser «de pueblo» ya no es un desdoro, sino un valor añadido. El único camino para muchos jóvenes que han escapado del paro a través de esa emigración interior que lleva a que se abran escuelas de pastores, a que se valore la continuidad de las explotaciones ganaderas.
Bien. Volvamos al campo, pero, ¿quién dejará de una vez por todas de poner cortapisas a los agricultores y ganaderos? ¿Quién, en esta comunidad autónoma, cogerá el toro por los cuernos de la PAC y, en lugar de hundir el campo, potenciará el sector primario? ¿Cuándo se permitirá sobrevivir a los castigados hombres y mujeres que mantienen esta última esperanza blanca? Amiga Clemente, señora consejera: España, Castilla y León, esta provincia, ya están en proceso de feudalización. Deje de castigar con varas de leyes absurdas los lomos de los trabajadores del campo. Apueste, de una buena vez, por lo único que nos queda: la agricultura y la ganadería.