EDITORIAL
Una moción difícil de entender, difícil de asumir y más difícil todavía de explicar
La moción de censura presentada ayer en el Ayuntamiento de Ponferrada es totalmente legítima, nadie puede cuestionar su legalidad, pero surge cargada de interrogantes y con un planteamiento muy difícil de entender. Una acción como ésta y más en estos momentos es complicado de asumir porque no contribuye precisamente a la regeneración política que tanto se necesita porque lo único que parece traslucir es el deseo de alcanzar el poder a cualquier precio.
La operación para cambiar el gobierno de Ponferrada surge llena de contradicciones porque parece que Samuel Folgueral se agarra a un clavo ardiendo para conseguir una alcaldía que le arrebató al PSOE hace 18 años precisamente Ismael Álvarez, su nuevo socio. Desde entonces los socialistas habían permanecido en el dique seco en una ciudad en la que tuvieron en los 80 una mayoría realmente singular (20 de 25 concejales) y en la que se podrían complicar y mucho su futuro si esta operación no la entienden los ciudadanos.
Una moción de censura se plantea cuando existe una crisis importante en una institución y éste no parece el estado del Ayuntamiento de Ponferrada en el que se acaba de vivir un momento histórico como es el logro del Mundial de Ciclismo precisamente por la tenacidad y la gestión deslumbrante del alcalde Carlos López Riesco cuando ya parecía que las dificultades habían hundido irremediablemente el proyecto. El propio Folgueral acompañó a Dinamarca a Riesco para intentar salvar este Mundial que deberá celebrarse en el 2014.
Y es que el aún alcalde del Partido Popular tiene poco que reprochar al alcaldable socialista ya que ha sido su socio en la sombra desde las elecciones municipales. Y Folgueral también tiene muy complicado argumentar las razones por las que ahora saca del gobierno a un equipo al que ha estado amparando hasta no hace tanto tiempo.
A la ciudadanía será necesario explicarle si existía una verdadera necesidad de cambio de gobierno o todo es producto de una operación para conquistar el poder de la mano del que ha sido el mayor enemigo para el PSOE no sólo local o provincial sino autonómico o incluso nacional, Ismael Álvarez, y que volvió a la política tras una condena judicial que genera una fuerte connotación para cualquier partido.
Y el propio Álvarez tiene en estos momentos la complicación de aclarar su decisión porque se presentó a las elecciones municipales defendiendo una posición tan favorable al PP que incluso pedía el voto en las autonómicas de ese mismo día para los populares. Ahora otorgará el poder en Ponferrada al PSOE, al que tantas veces reprochó el daño que le habían hecho incluso en lo personal, y lo hace cuando los socialistas tienen el menor respaldo de votos de su historia.
El problema es que todo esto lo tienen que entender los ciudadanos. Y será difícil de explicar y de justificar porque aquí parece que lo que menos ha importado a todos ha sido la gestión de la ciudad con la que se está jugando claramente.