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PAPELL
León

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Uno de los elementos que ha contribuido más a generar el clima de indignación que embarga a la ciudadanía ha sido el descubrimiento de los sueldos exorbitantes y demás prebendas de todas clases de los responsables de las cajas de ahorros que llevaron materialmente a la ruina a dichas instituciones. En varios casos, dichos desaprensivos han sido inculpados judicialmente, pero no se cuestiona, ni social ni jurídicamente, la cuantía de unas retribuciones que son decididamente inmorales y que, aunque las bendiga el mercado, carecen de justificación invocando la racionalidad económica. El mal está tan arraigado que incluso los salvadores de las cajas quebradas perciben salarios que llaman la atención, a pesar de que se ha impuesto un límite legal a las cajas nacionalizadas (300.000 euros al año) y a las que reciben ayudas (500.000). Goirigolzarri, por ejemplo, percibe 334.000, ya que se considera que Bankia recibe ayudas y no está nacionalizada. Curioso

El criterio liberal de que en las instituciones financieras privadas no es posible establecer límites a la retribución de sus directivos comienza a decaer en Europa. Como es sabido, los suizos, cuyo país es el paradigma bancario por excelencia, acaban de celebrar un referéndum en el que se ha votado una «iniciativa contra los sueldos abusivos» que marca límites precisos al abuso. En concreto, la asamblea de accionistas de los bancos se pronunciará cada año sobre los sueldos del consejo de administración, dirección y comisión ejecutiva; además, los directivos no podrán recibir indemnizaciones, remuneraciones anticipadas ni primas por la venta de empresas; todas las primas deberán estar reguladas por los estatutos de la sociedad, etcétera. Tales limitaciones deberán ser ahora introducidas, tras el correspondiente debate, en la legislación suiza. En todo caso, se está preparando un nuevo referéndum, instado por las juventudes socialistas, sobre la ‘iniciativa 1:12’, por la que el mayor sueldo de una empresa no podrá ser más de doce veces el mínimo.

El asunto está en candelero: hace apenas unos días, el Parlamento europeo y la presidencia irlandesa han acordado límites a los bonus que perciben los banqueros. Y este pasado martes, los ministros de Economía de los 27 estudiaron una propuesta que impedirá a los banqueros cobrar un bonus superior al salario base, o al doble si lo autorizan los accionistas

El Reino Uido, con su visión selvática del sistema financiero, se opone como es natural a estas limitaciones, que ya parecen irremediables.

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Nadie, en estos ámbitos regulatorios, pretende destruir el capitalismo y mucho menos sustituirlo por alguna exótica utopía, pero las sociedades modernas presionan para que se humanice, para que el tejido social sobre el que se asientan los mercados salga de sus parajes virtuales y conecte con la realidad de las personas laminando las diferencias más hirientes y sonrojantes y tendiendo a atribuir las plusvalías a quienes las producen y no a los gestores que especulan con ellas. La gran crisis del 29 sirvió para regular el sistema financiero mundial —la célebre Banking Act—, aunque poco a poco los vientos liberales provocaron la desregulación que hizo posible la gran crisis de 2008. Sería bueno que esta vez la experiencia adquirida y las consiguientes reformas normativas se consolidaran e hicieran imposible nuevos fracasos del modeo en el futuro.