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León

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La acumulación de datos negativos sobre la Caja —banco Ceiss— mientras continúa la incertidumbre sobre su final se está convirtiendo en un auténtico calvario para la entidad. La solución de su adquisición por parte de Unicaja hace tiempo que ha sido proclamada desde todos los ámbitos como la solución más adecuada para la delicada situación que vive la entidad. Y por ello difícilmente se entiende que el caso no se zanje lo antes posible para evitar nuevos daños a la Caja.

Los balances del 2012 son muy duros y delatan que la entidad se vio sumida a lo largo del año pasado en una constante degradación de su situación mientras el proyecto de fusión con la malagueña se iba dilatando sin que nadie hasta el momento haya conseguido poner luz en los porqués de tantos retrasos.

Es cierto que el panorama del sector financiero español durante el pasado ejercicio ha sido en general muy negativo porque incluso las reformas legales han obligado a las cajas a realizar serios reajustes que perjudicaron sus números. Pero también es notorio que la Caja se ha visto sumida en un proceso que no parece tener fin y en el que, una vez confirmado que no podrá continuar en solitario, se hace necesario que se clarifique su futuro para que poco a poco pueda buscar la normalidad.

Sus resultados negativos del 2012 son comprensibles en ese marco de inestabilidad pero también son un serio aviso de que las cosas tienen que solventarse sin más dilaciones.

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