EDITORIAL
El tren sigue dividiendo León dos años después
Cuando hace algo más de dos años se cerraba el paso a nivel del Crucero y se extendía la prolongación de Ordoño II hasta el enlace con Doctor Fléming se abrían grandes expectativas de modernización para una ciudad dividida en dos desde que 148 años atrás circulaba por el trazado ferroviario urbano el primer tren.
El ferrocarril, símbolo de modernidad, ha sido también un problema para la convivencia ciudadana. Lo sigue siendo. Porque lo que ocurrió hace dos años sólo fue un derribo imaginario de la muralla que separa una parte y otra de la ciudad. El ampuloso plan para la integración ferroviaria en León y San Andrés fue un sueño que ha derivado en pesadilla por la imposibilidad de financiarlo en el marco de una nueva realidad económica y social.
La vieja infraestructura ferroviaria, incluida la estación, semiabandonada, sigue sin ser desmantelada, se mantiene inoperativa expuesta al expolio y el vallado que la protege continúa siendo una frontera para la ciudad, que ni siquiera es propietaria del suelo sobre el que se prolonga Ordoño II.
A falta de que sea disuelta la sociedad León Alta Velocidad y se paguen sus deudas, el anuncio de Fomento sobre una intervención de mínimos en relación con la llegada de la alta velocidad y el efecto que tendrá sobre al ciudad no es precisamente tranquilizador. Dos años después, León necesita más concreción sobre los planes, las actuaciones y los plazos. Y esas respuestas deben salir de una reunión inmediata de todas las administraciones implicadas en el problema.