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CAYETANO GONZÁLEZ
León

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Dentro de doce meses, por estas mismas fechas de junio, los ciudadanos españoles y del resto de países de la Unión Europea, acudirán a las urnas para elegir el Parlamento Europeo. En el caso de España, las europeas han sido tradicionalmente aprovechadas por los electores como una ocasión para “ajustar” cuentas con los partidos, vamos a llamarlos así, más tradicionales, el PP y el PSOE.

Después de las generales de noviembre de 2011, en las que el PP obtuvo una cómoda y holgada mayoría absoluta, estas europeas serán las primeras de ámbito nacional, ya que en medio sólo ha habido autonómicas en Cataluña, Galicia y el País Vasco. Todas las encuestas publicadas en los últimos meses apuntan a un desplome importante en la intención de voto, tanto de los populares como de los socialistas, mientras que IU y UPyD experimentan un importante ascenso. Algunos hablan ya de que el tradicional bipartidismo que se ha dado en nuestro mapa electoral en estos últimos 35 años toca ya a su fin. Está por ver si eso es así, pero de lo que no cabe duda es que las europeas van a constituir un buen banco de pruebas para las aspiraciones de unos y de otros y que además marcarán una tendencia para las municipales, autonómicas y generales del año 2015.

Insisto en que en las europeas, el ciudadano ejerce su derecho al voto con más, vamos a decirlo así, ligereza, debido a que sabe que la importancia y trascendencia de lo que se está decidiendo —la composición de un mastodóntico y poco operativo e influyente Parlamento Europeo— es muy relativa. El votante del PP que está enfadado con lo que este partido y Rajoy está haciendo o dejando de hacer, seguramente aprovechará para castigarle y se refugiará en la abstención, en el voto en blanco o en alguna otra opción de centro-derecha que pudiera surgir de aquí a la fecha en que tendrán lugar las elecciones.

En cuanto al votante tradicional del PSOE que a su vez está desencantado con el liderazgo de Rubalcaba, también tendrá oportunidad de ejercer su voto de castigo, votando a otra opción de izquierdas —IU o incluso UPyD— o quedarse en casa. En definitiva, que dentro de doce meses, tendremos un termómetro real de por donde van las preferencias de los ciudadanos y hasta donde llega el desgaste electoral de los dos grandes partidos nacionales. Aunque seguramente, a ese ciudadano que lo está pasando francamente mal por mor de la crisis económica, le importará una higa lo que suceda o deje de suceder en las citadas elecciones europeas.

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