León

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Todo ha sido hace un momento.

Por eso todo resulta tan futil, tan absurdo, tan vacío, tan vertiginosamente leve. Contaba Rodera, con su genialidad para mostrar el absurdo, que él corre en círculos y que por eso no llega a ninguna parte. Sí, todo se asemeja demasiado a una rueda, una rueda a la que nos atan y sobre la que nos hacen correr, correr, para vencer el ahogo del tiempo que va desapareciendo sin que podamos llegar a ninguna parte y lo peor es que sabemos que todo fue hace un momento, hace un instante o, como diría Conrad, dejé de ser un animal para convertirme en escritor. Es eso, el tiempo, lo que nos aporta humanidad y, sin embargo, nos empeñamos de manera demencial en huir de su lado, y seguir corriendo...

Todo ha sido hace un momento, porque, aunque no lo queramos ver, ya pasó todo, todo, aunque sigamos corriendo, aunque continuemos bailando en este baile de los ahorcados que Rimbaud dibujó de manera grotesca y genial: En la horca negra, amable manco/bailan, bailan los paladines/los descarnados actores del diablo/danzan que danzan sin fin/los esqueletos de Saladín.

Por eso, a veces, hay que dejar de correr, hay que parar y repensar que el tiempo con el que creemos contar ya pasó en realidad y que de nada sirve correr, que a veces es mejor ir hacia atrás, que al tiempo no se le alcanza, ni se le atesora, ni se le ahorra, que sólo se pierde y que, poco a poco, mientras perdemos tiempo en darnos prisa, el tiempo se cuela a través de las fatigas, y un día ya no te reconoces, y el tiempo que antes empleabas en quitarte tiempo de encima se vuelve más rápido que tú y entonces otro te coge el relevo. Correr... ¿para qué corremos entonces? Dice Rodera que él comenzó a correr para huir, y eso que es un corredor consciente de la levedad de correr. Así que seguimos corriendo, tratando de volver al tiempo que pasó hace un momento, aunque sabemos que tenemos muy pocas opciones si no es tratar de adelantarnos, si no es intentar ganar tiempo al tiempo, aunque para hacerlo tengamos que perderlo.

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Y, no, no se puede hablar así, pero es verdad que lo único que queremos en la vida es dar sentido a Perogrullo y que lo más importante de la vida es no estar muerto y por eso corremos, en ese baile de ahorcados... y responden los lobos desde bosques morados: rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno... Así que ¿para qué correr tanto?