CRÓNICAS DE ACULLÁ
La porquería no alivia
Perdonen si me pongo escatológico. Pero en este país, convertido en un maná para los cropófagos que proliferan por doquier, casi no cabe ya otra inspiración. Los dos grandes partidos llevan demasiado tiempo moviéndose en un fariseo y asqueroso alivio aventado por los medios de comunicación que apilan y siguen apilando a paladas los detritos que van saliendo —y los que quedan por salir— de los juzgados. Si un día caían un porrón de imputados ligados al PSOE por el escándalo de los ERE en Andalucía, los populares se tapaban como podían la nariz y respiraban por los lacrimales con insultante desparpajo, conocedores de que por unos momentos podrían aflojarse la soga que se ciñe a los pescuezos de muchos por el caso Bárcenas, mutado ya en el caso PP. Y del lado opuesto, los socialistas han sido capaces todo este tiempo de ir mirando hacia otro lado o de cargar las tintas contra la juez de los ERE cuando el hedor de los millones corruptos de Bárcenas y compañía se acentuaba con cada eurodescubrimiento en algún paraíso o con las amenazadoras declaraciones contables de El Cabrón .
Incluso algunos grupos minoritarios, llamados definitivamente a ocupar un puesto relevante en la próxima formación de un nuevo Ejecutivo, se ha revolcado cual ronchín en una pocilga a costa de las cochinadas de sus hermanos mayores. Hasta Cayo Lara, arremetiendo contra Rajoy y Rubalcaba por sus responsabilidades mayúsculas en el Bárcenasgate y en el latrocinio de los ERE, se ha sentido tan cómodo manoseando el estiércol que no ha dudado en asegurar que pese a todo no romperá en Andalucía con los socialistas porque por encima del atraco está la estabilidad del Gobierno autonómico. Como quien no quiere, regalando un argumento estúpido a Rajoy para que lo llegue a invocar a la hora de seguir adelante con un Ejecutivo absolutamente maltrecho y desacreditado en nombre del supuesto equilibrio de España y de la germinación de los putos brotes verde. Juegan con la mierda que han ido escondiendo bajo las alfombras como con un arma arrojadiza con la que creen que pueden ir ahogand sus monumentales cagadas sobre cualquier ética. Pero no se dan cuenta de que para el ciudadano ya no hay pestilencias de uno o de otro color. Es la misma porquería. Y resulta asfixiante, angustiosa.