HISTORIAS DEL REINO
Césareo González, un empresario de Vegaquemada
Vegaquemada es un pequeño municipio de la provincia de León que apenas llega a los 500 habitantes. Como tantos otros, al pie de las montañas de esta tierra hermosa, ha ido perdiendo población conforme avanzan los años, pues en apenas poco más de veinte ha visto reducido su número en más de un 28% de sus habitantes.
Estos datos se suman al envejecimiento progresivo de los que todavía optan por quedarse en la tierra de sus mayores. Si a nivel internacional es una alarma demográfica, en el caso de León es una realidad tan dura que convierte a esta provincia en un lugar donde debemos acostumbrarnos a la muerte lenta de nuestros pueblos.
Haría falta un milagro para tornar atractivas de nuevo comarcas que antaño movilizaron recursos y favorecieron el asentamiento en ellas de las gentes. Ya sin industria, de la minería casi ni hablamos, con la ganadería enfilada y la agricultura sobreviviendo, todo ello inmerso en un país en profunda crisis, el futuro se antoja negro. Pero, a veces, surge ese milagro.
Cesáreo González Díez es un hombre bueno. Nacido en Vegaquemada, pertenece a una saga de empresarios que, un día ya lejano, abandonaron León para buscar un futuro en América. Su nombre, como el de su tío, Don Pablo Díez, es sinónimo de saber hacer y de calidad humana. Pero, sobre todo, Cesáreo González, como su hermano Pablo, o algunos otros parientes, saben que sus raíces siguen siendo profundamente leonesas, que aquí se formaron sus espíritus de niños y jóvenes. Con la dureza de aquellos tiempos complejos, también de crisis, como fueron los treinta.
No hace mucho, durante la inauguración de las nuevas obras destinadas a completar la residencia de ancianos de Vegaquemada, Cesáreo González se mostraba optimista, a sus noventa años, del futuro. Literalmente me dijo que en las crisis, se encuentran las oportunidades. Aunque también que quien más tiene ha de ser quien más se implique en ayudar a los demás. Y hace, lo han hecho, de nuevo, él y su hermano Pablo. Sin ellos, Vegaquemada no sería igual. De entrada, no dispondría de residencia para sus mayores, ni daría trabajo a más de veinte empleos directos, y los indirectos que derivan de ellos. No gozaría de una infraestructura adecuada para el veraneo, con un magnífico camping o piscinas. Pero, sobre todo, sin ellos, es posible que este pueblo, lejos de luchar por sobrevivir, estuviera agonizando sin perspectivas de futuro. Hoy las tiene, gracias a ellos.
Para nuestra desgracia, y a pesar de haber llegado al mundo en estas tierras algunos otros empresarios de los más importantes del mundo, sólo ellos apuestan por el lugar que les vio nacer. Por eso su memoria, su historia, su recuerdo, merece conservarse para ejemplo de las generaciones futuras.