SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA

Oso ruso, oso pardo

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León

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Cuentan las gentes de Igüeña como el Tío Perruca mató con un cuchillo a una osa abrazándose a ella. De todos es sabido que el abrazo de un oso pardo es mortal de necesidad. Pero el Tío Perruca no era un cualquiera y salió vivo de tan dramático episodio dejando para la posteridad una hazaña que recogió en su novela Benigno Suárez.

Otro oso anda suelto, en este caso por Ucrania y es ruso. El presidente Putin al mejor estilo de la Guerra Fría ha sacado a pasear su oso gigante par dar unos zarpazos en Siria, en Ucrania o donde sea necesario para hacer valer sus intereses estratégicos. No es que Putin sea más malo que los anteriores presidentes de la actual Rusia, simplemente no está dispuesto a perder enclaves geográficos que son vitales para lo que considera su seguridad nacional. La diferencia es que actualmente Rusia ha recobrado parte de su poder que perdió con la desintegración de la Unión Soviética y puede permitirse el lujo sacar pecho cuando lo considere oportuno.

Zbigniew Brzezinski, que no es un trabalenguas, aunque pudiera parecerlo, sino el nombre del consejero para la seguridad nacional de los Estados Unidos desde 1977 a 1981 escribió una obra clásica de la geoestrategia titulada El gran tablero mundial. Su primera edición es de 1997 y ya vaticinó en ese momento la importancia de Ucrania para Rusia. Afirma en esta obra que cualquier intento de Rusia por reconstruir su glorioso pasado imperial sin Ucrania sería imposible. Conclusión, Ucrania es fundamental para Rusia y Rusia no permitirá perder este enclave estratégico al menos la península de Crimea como ya se ha visto.

El conflicto ha degenerado en un amago de guerra civil entre los ucranianos partidarios de una Ucrania independiente como se declaró en 1991 y los partidarios de unirse a Rusia. No es un conflicto étnico sino ideológico. Además de Crimea, la Ucrania del este es prorusa, pero la capital y resto del país no. Estos últimos quieren integrarse en la Unión Europea.

El futuro de Ucrania lamentablemente no lo decidirán los ucranianos, sino las grandes potencias. Los términos de los acuerdos a que se ha llegado de momento no parecen muy consolidados. Rusia se ha sentado en Crimea, ahora está por ver hasta donde es capaz de llegar en sus reivindicaciones Putin y hasta donde Estados Unidos y la Unión Europea están dispuestos a ceder.

A nadie le interesa un conflicto armado aunque solo sea por estética. No entra en la cabeza de un analista sensato que se produzca un enfrentamiento armado con Rusia por parte de los aliados occidentales. Hay razones de peso para pensar en ello. La Unión Europea necesita el gas ruso y Ucrania también. Pero al mismo tiempo los rusos necesitan venderlo a estos consumidores porque es una de las fuentes de mayor riqueza de la renovada Rusia.

Alemania, que tiene mucho interés en llevarse bien con los rusos ha adoptado una postura de aproximación y diálogo. Su interés es que quiere ampliar su mercado en una Rusia con mucha liquidez. Al mismo tiempo la Unión Europea pretende adquirir gas del norte de África para disminuir su dependencia energética de Rusia. Quizás sea peor el remedio que la enfermedad.

Rusia históricamente se ha encontrado en una encrucijada, vincularse a Occidente o a Oriente. Los rusos étnicamente son eslavos por lo tanto europeos. Su forma de vida es occidental, sus grandes ciudades se encuentran en el lado occidental del país. Es más, compran propiedades en España, Francia, Italia porque tener no tienen mucho sol en su país. No las compran en China o India, se sienten cómodos en Europa. El presidente Yeltsin intentó aproximarse a la Unión Europea pero esta recelosa del recién pasado comunista no le abrió las puertas.

La Unión Europea y Rusia están llamadas a entenderse. Requerirá quizás paciencia y un periodo largo de tiempo, pero una Europa y Rusia en armonía sería un factor de estabilización mundial clave. Rusia aislada y sola no tiene capacidad para desarrollar el papel de primera potencia como los Estados Unidos, además China está emergiendo como segunda potencia mundial y tradicionalmente ha sido antagonista de Rusia. En cambio una Rusia integrada en Europa puede devolver a esta gran parte del protagonismo que tuvo en el pasado.

Es deseable que este conflicto se resuelva de forma pacífica, por la vía diplomática y no tenga que venir otro Tío Perruca a poner en su sitio al oso ruso. Entre otras cosas porque ya no quedan hombres como los de antes, aunque en Igüeña nunca se sabe. El que tuvo retuvo y son gente brava estos de Bierzo Alto.

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Para saber más: El gran tablero mundial, autor Zbigniew Brzezinski. Editorial Paidós.