EDITORIAL: Unos datos del paro tan demoledores que dejan pocos resquicios para la esperanza
Nunca hubo tantos parados en la provincia. Ese dato terrible es, sin duda, el mejor reflejo de la realidad que se está viviendo en León después de años de crisis que han ido minando poco a poco el siempre escaso tejido industrial y económico de estas tierras.
La más pura realidad, ajena totalmente a las promesas de planes y proyectos milagrosos, se hace evidente con toda su crudeza en esta Encuesta de Población Activa (EPA) y exhibe que los problemas coyunturales que tanto han dañado al conjunto de España aquí se hacen singularmente graves porque se acumulan a las perennes deficiencias estructurales.
La crisis de la minería y la falta de unas alternativas reales han ido minando poco a poco la estructura económica de la provincia en todos los órdenes generando una falta de opciones de futuro que impulsan a la emigración de los jóvenes. El dato de que León es el tercer territorio de España con menos población activa pone en evidencia que el envejecimiento es clamoroso y que ese declive generalizado reclama medidas urgentes y contundentes para intentar al menos frenarlo.
La ausencia histórica de industrias pone hoy la economía leonesa en manos del campo, del turismo y de esos yacimientos incipientes de las nuevas tecnologías. Hay que reconocer el mérito de muchos emprendedores en estas áreas pero hoy por hoy todo ese esfuerzo se hace insuficiente para que la provincia pueda mirar hacia el futuro con la esperanza de que no se mantendrá esa caída continuada hacia ninguna parte.
La EPA, se mire como se mire, es muy rotunda y no admite ningún tipo de lectura positiva para la provincia. El contraste con los datos tanto autonómicos como nacionales que sí reflejan tímidos cambios de tendencia ponen aún más en evidencia que León ha caído en un pozo en el que sólo le acompañan Orense y Zamora, como los territorios que presentan los peores registros de vida económica.
La opción del victimismo o del lamento no lleva a ninguna parte. Ya no caben más aplazamientos en las soluciones ni tampoco más espacio para los debates estériles. Los partidos políticos están obligados a dar un paso al frente y plantearse que León requiere algo más que promesas y declaraciones altisonantes. Es necesario que exijan a las instituciones soluciones porque con esta EPA sobre la mesa es fácil de demostrar que lo que ocurre en León no es sólo cuestión de una crisis generalizada. Los datos de la provincia en esta EPA demandan un intento para acabar con tanta atonía que no lleva a ninguna parte.