NUBES Y CLAROS
Honorables
La actualidad que nos acosa ha puesto todo su empeño en certificar que un pesimista puede ser perfectamente un optimista bien informado. Entre lo que se sospechaba y lo que está desvelándose media una poza hedionda que no hiere sensibilidades, sino inteligencias y conciencias. Y tripas, por qué no decirlo.
¡Y aseguran que cada uno de estos casos no es más que la punta de su iceberg! Salpicar y embadurnar la desesperanza generalizada con la podredumbre miserable de quienes nunca han tenido bastante es la peor ofensa. Lo obsceno no es ya que nunca fuera suficiente, que se ejecutara sin recato en los morros del sistema democrático del que hemos presumido mundialmente porque había llegado para redimirnos (o eso creíamos); que se hiciera vitalicio en familias y clanes tan convencidos de su impunidad que han empezado a morir de su propia sobervia. Del desprecio a todo y a todos cuantos les rodean y mantienen. Del escupir en la dignidad de aquellos a quienes sangran en tiempos de bonanza, y más en desiertos de crisis; predicándoles sacrificio y res pública mientras saquean y rapiñan hasta la indignidad todo aquello que se pone a su alcance.
Casi más infames son las justificaciones que aducen a sus estremecedoras conductas públicas (claro reflejo de sus bajísimas catas personales). Ofenden las ratoneras en cuyas puertas agachan las orejas mientras sus patas traseras empujan a lo más profundo el grueso económico de su desfalco.
¡Honorables! ¡Aforados! Premiados, reconocidos, honoris causa, profesores, líderes, cobradores vitalicios, referentes históricos, flores de un día o deslumbrandes triunfadores en la vanagloriada emprendeduría meteórica.
Y mucha podredumbre. De esto están hart@s los ciudadan@s. Pero indigna tanto la inmundicia desvelada como la aparente sorpresa que produce. Aunque es cierto que las dimensiones de cada sinvergüenza superan con creces el cálculo de las mentes más calenturientas.
Nos han impuesto salir de esta crisis a base de sacrificio. No sabemos hacia dónde, pero a base de pérdidas a cuenta de excesos que la mayoría aún se pregunta cuándo cometió. Golpes ajenos en nuestro pecho. Este proceso ha sido rápido. No así el purgatorio de los desfalcadores que se multiplican.
Hablan hoy de regeneración democrática, mareadas estas propuestas en el tornado que se esfuerza en resurgir del fondo del pozo. ¿De este río revuelto? No, gracias.