León

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En unos pocos días arrancará un mes de septiembre que teóricamente marca el comienzo del curso político aunque el verano ha sido muy complejo, al menos a nivel nacional. Soplan vientos espesos desde el noreste de la mano —y la cartera— de Pujol y Mas, y en la cocina de La Moncloa andan ultimando su propuesta de reforma electoral. Una propuesta que llega en un momento poco propicio —a escasos meses de las elecciones— tanto por la sensación de oportunismo que genera como porque difícilmente será aceptada —plantee lo que plantee— por los rivales para no darle más oxígeno a un PP que de momento tiene un cuasimonopolio del poder.

Mientras, Sosa Wagner ha logrado exhibir las vergüenzas de UPyD cuando, a su propuesta de coalición con Ciudadanos para tener verdaderas posibilidades en las municipales y autonómicas, se ha encontrado con la sorprendente respuesta de una compañera de filas que le ha advertido sobre unos hipotéticos problemas que puede tener para justificar facturas de Bruselas... De repente toda la regeneración prometida se fue por el desagüe y volvieron los tiempos de Guerra o de Cascos, cuando los doberman de la política protegían a los líderes al precio que fuese.

Y es que los movimientos han comenzado en los minoritarios porque es más que evidente que lo de las elecciones europeas será un mero espejismo en cuanto las circunscripciones se vayan reduciendo en las autonómicas o municipales de mayo del próximo año si no llegan los acuerdos para sumar votos. Con el actual panorama el PP puede perder mucho poder pero también se puede avanzar o más bien retroceder hacia unas instituciones con complicados puzzles políticos en los que los populares podría salir beneficiados.

Ahora en los dos mayoritarios nadie se está quieto. Eso sí, en las filas populares todos los tiros llegan con silenciador. Desde aquel trágico y sorprendente 12 de mayo se ha hecho bueno eso de que todo y nada ha cambiado. Toca hacer listas y tanto en el PP como en el PSOE van a ser tiempos muy intensos porque en realidad todo está por decidir. A nivel autonómico, en los populares la continuidad de Herrera parece imprescindible para preservar la paz, pero en los socialistas el abanico está abierto tras la llegada de Pedro Sánchez. Quedan 15 meses para las generales y excesivo margen para que se hable hasta la saciedad de las cosas de la política y no de la política de las cosas.

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