León

Creado:

Actualizado:

Después de ver cabalgar ejércitos de gorgojos entre mieses espigadas se aleja de lo verosímil cualquier razón que justifique su presencia en el primer plato del rancho escolar. La larva de un escarabajo en el menú diario infantil viene a cerrar el círculo de todas las sospechas fundadas que había generado el sistema. Una moruca en la sopa no deja de ser la irrupción de la séptima plaga bíblica entre las condiciones penosas que sustentan el estado del bienestar, el cuerpo de la profecía que nos deja en la antesala de la morgue de estos treinta años de soledad, una ofensa armada tras las promesas de desarrollo y progreso en una sociedad que deja que alimenten a sus cachorros con lombrices maceradas en una comida que se elabora dos semanas antes del consumo. Línea fría, lo llaman en un giro de esnobismo que acaso despiste a la justicia ante la necesidad de investigar de oficio un proceso de manejo de los alimentos que dejaría perplejo al mismo jefe de cocina de los Marines en la campaña de Vietnam: que hoy, en los comedores de la mitad de los colegios públicos de León se puede servir alimento que pudo ser procesado antes de San Froilán. Y a 150 kilómetros de León, en el mejor de los casos, en otro ejemplo de apoyo indudable para las empresas de la provincia. Gorgojos o luciérnagas, por la luz que han aportado al sistema de reparto de comida en los colegios públicos después de que los niños gritaron el pasado jueves que los gusanos se daban un festín en el plato; la oruga de ese bicho que echaba a perder el centeno y dejaba sin prestancia los cuelmos de paja que se empleaban para chamuscar y adecentar el cerdo en la matanza, que fue al fin el único elemento capaz de contrarrestar la hambruna que ha acarreado León el último medio siglo. Algún chamán tendrá la ocurrencia de distraer al parroquiano con los valores de estos coleópteros polífagos como elemento de terapia en la lucha contra el cáncer, según los arquetipos de varios ensayos de curas alternativas a la medicina oncológica; otra vida para el gorgojo en el centeno. Lo de su crisálida en la sopa es una burla. Ya veremos lo que tardan en echarle la culpa al protocolo, que enjuga las penas de los políticos burócratas vacunados así contra los efectos de las tropelías que cometen. Ya veremos lo que tardan en decir que los gusanos llegaron por un fallo de los niños, por tocarse la cara antes de comer.

Cargando contenidos...