TRIBUNA

Sopa de gusanos en el comedor por haberlo privatizado

Publicado por
León

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Desde que los comedores escolares están en manos de empresas privadas, que buscan también lucrarse con la comida de los más pequeños, puede ocurrir de todo a la hora de comer. La última, que la comida servida por la empresa privada que lo gestiona traiga gusanos. No sabemos si son de calidad o no, aunque si son del modelo Lomce, que propugna que todo lo privado es mejor, entonces serán de alta calidad y habrán pasado alguna evaluación externa para ver si se movían bien antes de entrar en las cocinas de la empresa privada o si permanecen inmóviles con gesto alegre después de haber sido cocinados. Si saben bien o no, en esas evaluaciones externas tendrá poca importancia, pues lo importante es dar imagen de calidad, no que la tengan. Y mucho menos importa si deben o no estar en la comida. Ya saben en qué se basan los procesos de control de calidad: lo importante no es si sirve basura o no, sino que siempre se sirva igual.

Los padres y madres, indignados como es lógico, nos preguntamos cómo es posible que esto haya ocurrido y buscamos culpables. En realidad no los encontraremos con facilidad porque estos no son los que sirven la comida en los comedores sino los que han decidido quién la sirve y cómo se sirve. Los culpables son los responsables de la administración educativa —aunque sería más propio llamarles irresponsables— que llevan demasiado tiempo tomando decisiones desde la óptica de rebajar costes de forma ilimitada y suicida, a la vez que facilitando los contratos a entidades o personas que son seleccionadas por criterios muy distintos a los ligados a la verdadera calidad. En realidad son elegidos por pertenecer al mundo digital —que según la RAE es todo lo que pertenece o guarda relación con los dedos—, ese que existe en torno a la elección a dedo que muchos practican desde su espacio de poder con demasiada alegría e impunidad.

La mayoría de los padres y madres ya no recordamos —pocos son los que lo vieron en los centros educativos donde están estudiando nuestros hijos e hijas—, que la comida antes se hacía diariamente en las cocinas de los centros educativos, se hacía hasta que llego un Gobierno autonómico que pensó en que la gestión privada sería mejor que la pública, sobre todo que sería mejor para el bolsillo de algún empresario dedicado a ello —o dispuesto a ponerse manos a la obra si le garantizaban los contratos suficientes— y para el de algún conocido de éste.

Que la comida sin duda sería peor, daba igual, no importaba, con exhibir estudios que argumentaban que la comida había pasado los procesos de calidad necesarios, listo —a ellos eso de servir la basura siempre igual les vale—. Que no estaría hecha la comida momentos antes de ser ingerida por los chavales, que no se quejen, los microondas calientan bien y si cuando se sientan a comer se ha enfriado, con echarles la culpa a ellos por haber tardado mucho en sentarse, listo. Que los mercados cercanos y la agricultura de la zona se resienten porque las materias primas no se compran cerca de cada centro educativo, se apela a la globalización y la reducción obligada de costes, y listo, total, por qué le vamos a quitar el trabajo a los de no sé dónde, ¿o sí lo sabemos? —el problema es de los que tenemos cerca, que se espabilen—. Que la comida no tiene los nutrientes necesarios y en buen estado porque los han perdido en los procesos imprescindibles para que la comida no caduque ni se pudra por el camino, da lo mismo porque todas las bandejas llegan igual de empaquetadas y, eso queda garantizado, o todas están bien o todas tienen gusanos, así que también listo.

Demasiados listos jugando con la salud de nuestros hijos e hijas. Demasiados listos lucrándose a costa de la comida diaria de los menores, lucro que aumenta en la misma medida que decrece la calidad y cantidad de la comida. Si no llega para una pieza de fruta para cada comensal, pues le damos media. ¿Recuerdan aquella compañía propietaria de una flota importante de aviones que elevó sus beneficios por el simple hecho de quitar una triste aceituna en cada bandeja de menú en los vuelos donde se daba comida? Total, quién iba a notar la falta de una triste aceituna.

Sí, detrás de este desagradable episodio está lo de siempre, privatización de lo público, beneficio empresarial a costa de los ciudadanos, falta de control consciente por parte de las Administraciones educativas porque no interesa cuestionar el sistema creado, y pérdida de los derechos de los ciudadanos, en este caso de los más pequeños.

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Es hora de volver a recuperar las cocinas en los centros públicos, la gestión pública de los mismos y la compra de alimentos frescos y de calidad de nuestra tierrina, para cocinarlos e ingerirlos en el día. Es hora de rescindir contratos con las empresas privadas y dejarlas que hagan sus negocios en el mundo privado, sólo en el mundo privado. Es hora de que los ciudadanos y ciudadanas volvamos a ser propietarios de lo que es nuestro, de lo público. En los centros públicos no queremos seguir así, ni nos valen los sellos, ni los discursos huecos, queremos realidades y la única realidad hoy es que nuestros hijos e hijas han comido gusanos y que esto no va a volver a ocurrir, de eso nos vamos a encargar.