EDITORIAL: El pequeño y mediano comercio merece que se reconozca su papel dinamizador

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León

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La campaña que se pone hoy en marcha en la ciudad de León en defensa del pequeño y mediano comercio está totalmente justificada y se merece el mayor respaldo de las instituciones y en general de la sociedad. A los inevitables cambios en los hábitos de consumo y a la dura crisis económica se han sumado una serie de reformas legales en diferentes frentes —incluido el fiscal— que han ido complicando la actividad de este tipo de centros de generación de riqueza y empleo que pueblan las calles de las ciudades. Los tiempos están siendo muy duros en general para el conjunto de España, pero en el caso de León se han sumado otros elementos dañinos como el envejecimiento poblacional, la pérdida de habitantes en el conjunto de la provincia o las crisis añadidas en sectores fundamentales como la minería que frenan directamente la actividad del comercio.

La drástica disminución en las ventas y el incremento en los costes —incluidos problemas inevitables como las facturas eléctricas— han mermado los márgenes de beneficios, lo que ha forzado un duro ajuste en el sector, con comercios obligados a afrontar campañas de descuentos o a ampliar horarios —incluso con menos personal— para evitar lo que sí es irreversible: el tener que cerrar la puerta para siempre.

La situación de esos autónomos o pequeños empresarios se ha ido deteriorando de año en año desde hace ya demasiado tiempo y es entendible que exista un hartazgo porque tampoco se vislumbra una luz clara al final de este complicado túnel.

La sociedad tiene de algún modo una deuda con esas personas que llevan en ocasiones incluso décadas facilitando ese consumo de proximidad y generando un servicio a todos los habitantes del barrio. Son creadores directos de riqueza en la ciudad, en la que pagan sus impuestos y en la que también contratan a sus trabajadores o realizan habitualmente sus consumos, generando un efecto dinamizador de la economía más que notable.

Ahora la liberalización de los horarios comerciales se ha convertido en una seria amenaza que les lleva a rebelarse. Si la pelea en el día a día es siempre complicada, ésta se hace inasumible cuando se lucha en un mercado totalmente libre, donde no se aplique algún tipo de factor de corrección. La actividad de todos es legítima pero, como en tantos órdenes de la sociedad, las fórmulas de defensa del pequeño son también justas y legítimas.

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Ahora llega la campaña navideña, el que debe ser el mejor momento del año para que el comercio pueda recibir un respiro en sus cajas registradoras. No les falta razón cuando plantean que optar por el comercio local —sea del tamaño que sea— es apostar por León y por su futuro.