Publicado por
Manuel Alcántara
León

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L a fuga del dinero, que siempre es bien acogido en cualquier lugar, es la culpable y a la vez la consecuencia de la incertidumbre política. El dinero es un prófugo y corre que se las pela cuando ve trasquilar las barbas de sus vecinos europeos, que llevan mucho tiempo en remojo. Los analistas del Banco de Santander, convaleciente de la ausencia de su patriarca, denuncian la masiva fuga de la pasta, que en su opinión está relacionada con el cambio político que se produjo en los gobiernos autonómicos y municipales, que no sabían mucho del tema económico ¿Por qué iba a ser ese asunto una excepción?

No sabían nada de nada cuando les cayó todo encima. Una carga que al repartirla entre 17 extrañamente pesaba más que cuando la soportaban menos. Ocurre algo parecido con algunos donantes, involucrados ahora en casos de corrupción. Lo suyo no era generosidad, sino contraprestación. Hoy por ti mañana y pasado mañana por mí. Un toma y daca.

Este último vocablo no anda suelto, ya que esa contracción, que el diccionario asemeja a andares y tomares, no acostumbra a caminar por su cuenta, sino por el riesgo de que no lo engañen las entidades financieras. ¿Somos tan ingenuos como debió de serlo el llamado Homo naledi, descubierto en Sudáfrica, o seguimos siendo unos homínidos?

Esa es la cuestión. Hemos encontrado al eslabón perdido o continuamos siendo parte de ese eslabón. El homínido, que se fue transformando en el mono gramático, ya enterraba a sus muertos. En las imaginarias reconstrucciones de su probable rostro, que no podrán ser probadas, tiene una cara de bruto inequívoca, pero esa fisonomía se encuentra también, con ligeras variantes, entre muchos hinchas del equipo de sus amores y entre numerosos asistentes a mítines políticos. ¿Es el Homo sapiens contemporáneo del ‘Homo naledi’, que no sabía reírse? La verdad es que no tenía motivos.

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