TRIBUNA

Recordar derechos con los días internacionales y mundiales

Publicado por
Mercedes G. Rojo CONCEJALA DEL GRUPO SOCIALISTA DE ASTORGA
León

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Ú ltimamente estamos acostumbrados a que, cada cierto tiempo, leamos en la prensa que el día está dedicado a tal o cuál aspecto. Y especialmente en el último trimestre del año tales días se acumulan. Son fechas que la ONU destina a conmemorar determinadas circunstancias referidas a la realidad humana, a diversas situaciones, que bajo el amparo de estos días internacionales o mundiales, según el caso, intentan llamar la atención sobre grupos concretos de personas o sobre algunos aspectos que les afectan, bien a través de su salud o de cualquier otro de sus derechos.

Lo más probable es que no sirvan para mucho, pero si se consigue alertar sobre la situación de los colectivos y situaciones a los que se refieren, durante un día, tal vez unas horas o incluso unos instantes, y que de ello se obtenga al menos una reflexión por parte de la población que adquiere conciencia de ellos, tal vez se esté dando un paso importante hacia la posibilidad de cambiar hábitos, actitudes y circunstancias que ayuden a poner solución a los problemas que rodean a tales aspectos. Siempre que no olvidemos que los días son solo eso, una llamada de atención que es necesario prolongar en el tiempo para que las deficitarias situaciones que denuncian dejen de serlo de una vez por todas.

En solo estos tres últimos meses del año, se acumulan nada menos que treinta y cuatro de estos días. Imposible pues, detenerse en todos ellos. Pero sí quiero hacer algunas consideraciones sobre los motivos que han llevado a la ONU a instaurar tales fechas dentro de nuestro calendario.

Surgen estas conmemoraciones con la aparición del estado de bienestar que poco a poco se va instalando en muchos países del planeta, los más desarrollados. Cubiertas las necesidades básicas, se van estableciendo, como resultado de las reivindicaciones de determinados grupos sociales, declaraciones de derechos que tratan de salvaguardar el acceso a unos mínimos que protejan, por encima de todo, la dignidad de las personas, más allá de su realidad social, de edad, de sexo y género, laboral, de salud, etc. Muchas de esas reivindicaciones fueron surgiendo en torno a pequeños grupos, normalmente afectados por una determinada situación precaria, y extendiéndose posteriormente a todo un país, primero, y después al colectivo de países a través de la ONU.

El objetivo fundamental, recordar a todas aquellas personas que viven disfrutando de unas condiciones dignas, que existen muchas otras, en otros lugares del mundo, (a veces incluso muy cerca de ellas) a las que aún les falta mucho para llegar a esa situación, y que, a pesar de las declaraciones universales de derechos hechas desde este organismo mundial, sigue habiendo una gran parte de la humanidad que ve diariamente algunos sus derechos (si no todos) conculcados: derecho a la salud, derecho a la educación y al trabajo, derecho a recibir un trato de igualdad, derecho a la libertad… Porque en un mundo aparentemente cada vez más civilizado, no todas las personas pueden cuidar de su salud en igualdad de condiciones, ni todas pueden acceder a la educación o al trabajo; sigue existiendo la esclavitud en muchos lugares del mundo y se sigue ejerciendo la violencia, normalmente contra los/ las más débiles.

Pudiera parecer un discurso que depende solo de los gobiernos, de los organismos estatales que rigen las naciones y, con ellas, el mundo. Pero siempre los derechos, se refieran al campo que se refieran, se basan en el respeto a la dignidad de la otra persona. Y eso ha de comenzar con cada uno de los seres humanos que tenemos más cerca. Porque la suma de muchas individualidades hacen una generalidad, y cuando entre todos y todas consigamos lograr esto, habremos conseguido que dichos derechos se respeten desde los propios gobiernos, contribuyendo a una mayor equidad en nuestras sociedades. Y es que no hemos de olvidar que dichos gobiernos están formados por personas, y si cada una de las que los forman es una persona justa y respetuosa, llevaremos adelantado la mayor parte de camino hacia ese respeto general.

Sin embargo, es indudable que aún nos falta mucho por hacer, y que en ese largo y arduo recorrido es muy fácil olvidar, desde nuestra propia comodidad, cuántas personas quedan aún por gozar de sus derechos. Incluso no es raro que cualquiera de nosotros haya sentido que no se le respetan los mismos, o conozca a alguien a quien a menudo se le vulneren, independientemente de que se sea consciente o no de ello. Por el hecho de ser mayor, de ser mujer, de ser niño o niña, de pertenecer a un lugar diferente, de padecer una u otra enfermedad… Los días internacionales y/o mundiales vienen a recordarnos que aún nos queda mucho trabajo por hacer y deberían ser para cada uno de nosotros una especial circunstancia para reflexionar sobre el camino que aún queda por recorrer y sobre la aportación que al mismo podemos hacer desde nuestra individualidad y desde nuestro día a día.

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Así que cuando oigamos que hoy es el Día Internacional de las Personas de Edad, el Día Internacional de las Niñas, el Día Mundial de la Infancia, el Día Internacional contra la violencia contra las Mujeres, el Día Mundial de la lucha contra la Diabetes, por nombrar solo algunos de los que recordaremos en este tramo final del año, no olvidemos los sufrimientos que hay detrás y las causas de que sea preciso recordarlos. Prestemos un poquito de atención y pensemos cual puede ser el granito de arena que cada uno de nosotros podamos aportar, a lo largo de todo el año, para que esas realidades cambien y todo el mundo pueda gozar, con justicia e igualdad de los derechos que les corresponden.