Publicado por
diego carcedo
León

Creado:

Actualizado:

H asta ahora en las cartas de los restaurantes lo primero que mirábamos eran los precios. Con la aparición de la cocina imaginativa, que tanto nos hace añorar los guisos de nuestras abuelas, comer se había puesto por las nubes. Pero ahora el dilema que se plantea para nuestra salud es el contenido de los aparatosos platos en que el camarero nos sirve las viandas. «¿Será cancerígeno? —nos preguntamos— ¿Atacará al cerebro?». La verdad es que después de todo lo que hemos escuchado y leído estos últimos días, ya nada se come ni con gusto ni, peor aún, con tranquilidad.

La carne, da igual que sea de ternera, cerdo, cordero o cabrito, es mala, aseguran los científicos. Produce cáncer. ¡Coño! Pero resulta que el pescado tiene mercurio y el mercurio en el cuerpo es fatal. ¡Joder! Y, cuidadito con el queso, que el queso es la heroína de la mesa, ataca a las neuronas. ¡Hostias! Entonces, ¿qué comemos? ¿Fruta, ensalada? Pero hombre, si la fruta está abrillantada con ceras artificiales para que dé más el pego y, las verduras, criadas con abonos químicos que a saber de qué estarán hechos. Y bien mirado, algo debe de haber en todo esto porque lo cierto es que hasta ahora todos nuestros antepasados se acabaron muriendo.

Hace unas semanas me decía un médico ilustre que las medicinas que nos curan las enfermedades siempre son dañinas para otros aspectos de nuestra salud. Pues por lo que se ve, con la comida ocurre lo mismo. Recuerdo en los Estados Unidos, donde ni un solo ciudadano se ha criado y desarrollado sin desayunar un día sí y otro también huevos revueltos, el pánico que se generó cuando una alerta puso en aviso a la gente que los huevos eran un peligro, poco menos que venenosos.

Aquello fue una catástrofe nacional sólo comparable al ataque japonés contra Pearl Harbor. Miles de granjas se arruinaron y millones de personas acudían al trabajo con el estómago vacío y la mente inquieta ante el temor de los efectos retroactivos. Hasta que otras noticias fueron despertando el interés de la gente y poco a poco los huevos recuperaron su sitio en las mesas de todos los norteamericanos. Y la realidad es que la gente sigue enfermando y, unos antes y otros después, muriéndose. Lo malo es que, al parecer, la carne, siempre tentadora, además de engordar y ser pecado también produce cáncer.

Cargando contenidos...