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fuego amigo ernesto escapa
León

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Grajal es uno de los tres pueblos leoneses con apellido terracampino. Tiene castillo artillero, un hermoso palacio renacentista y una iglesia monumental con intriga: su espigada torre de ladrillo cuenta seis esquinas pero le falta una para cuatro. Grajal tiende su silueta de adobe y ladrillo en la leve pendiente que media entre el altozano de la estación y el curso del Valderaduey. Una leve vaguada presidida por un castillo al que siempre se cuelga la etiqueta de artillero y coronada por la torre de San Miguel. El castillo, para el que se anuncian sucesivos y fallidos proyectos, es propiedad del duque de Alburquerque, que tiene otros varios por la Comunidad, alguno como el de Cuéllar cedido para uso educativo y cultural. Este de Grajal ha tenido peor suerte, aunque saliera en alguna película doméstica. Pero nunca albergó a divos del celuloide como Heston o Loren, que en cambio dejaron su rescoldo de pasiones bajo los soportales de Ampudia.

Además del castillo ostensible y de su escondida trama de calles y rincones de adobe, Grajal atesora un palacio renacentista aledaño a la iglesia de San Miguel, que abre sus miradores a la solana de la plaza Mayor. Situado en el centro del pueblo, es sólo medio siglo posterior al castillo. Su exterior de ladrillo alberga un patio monumental merecedor de cuidados y atención. Un pasadizo comunica la plaza del pueblo con la del conde, entre la iglesia y la galería de seis arcos sobre columnas dóricas. Lo más interesante del edificio se cobija en su interior. Un patio con arcadas de medio punto en ambas plantas y la escalera, única en el arte renacentista leonés, resumen lo más hermoso del palacio. Algunos artesonados y varias portadillas platerescas contribuyen a realzar la melancolía ante el abandono del conjunto. Los objetos artísticos más valiosos, entre ellos una importante biblioteca, fueron evacuados a Madrid en distintos viajes, a comienzos del diecinueve.

La iglesia de San Miguel tiene el reclamo de la rareza de su torre, con seis lados (dos de ellos en rincón) y con cubierta a cuatro aguas que asienta un extremo en el vacío. En su interior, bóvedas de yeserías muy llamativas y enormes columnas toscanas sobre las que apoyan los arcos de sus tres naves. Las esculturas del retablo mayor pertenecen al barroco castellano, como el Cristo y el Nazareno, de Pedro de la Cuadra. Un pequeño tesoro de orfebrería reúne las donaciones condales, mientras en el coro luce un precioso órgano del diecisiete. El callejeo de Grajal muestra un melancólico y decaído repertorio de arquitecturas de barro a la intemperie, con sorpresas inesperadas, como la bodega del dieciséis que recorre, encanta y fascina el subsuelo de la vivienda del artista internacional Cveto Marsic.

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