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al día manuel alcántara
León

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T odos los grupos políticos españoles, incluidos los que no logran agruparse, quieren que el Gobierno en funciones se someta al control del Congreso de los Diputados, lo que equivale a que los alguaciles sean alguacilados. Se trata de juzgar a nuestros jueces.

Los portavoces están obligados a oír demasiadas voces y no escuchan más que los ecos. Sus audífonos no están perfeccionados, ya que nada es perfecto y ellos no tienen por qué ser una excepción.

Al fin y al cabo de la calle, son una prótesis y por mucho que quieran escuchar únicamente oyen parte de las conversaciones. Las suficientes para hacerse un lío más en la madeja española.

El Congreso de los Diputados desea, con toda la vehemencia compatible con su ecuanimidad, ejercer un control absoluto al Gobierno, pero el Gobierno sabe que estas cosas son siempre relativas y no quiere someterse a exámenes, no vayan a suspenderle de empleo y sueldo.

Los españolitos de a pie, que son los que siguen pagando su coche en incómodos plazos mensuales, discuten la propuesta del PSOE, Podemos y Ciudadanos.

Para forzar a los ministros a comparecer, pero ellos no son partidarios de dar la cara, aunque esa actitud les lleve a una crisis institucional sin precedentes.

Da pena presenciar cómo se llevan las personas que hemos elegido, pero sería más penoso no haber podido escogerlas. Patxi López, presidente del aburrido Congreso de los Diputados, no sabe cuál sería la respuesta legal en caso de que el Gobierno en funciones se negara a comparecer si lo llama el Parlamento.

Se conoce que el puesto le viene no sólo largo, sino ancho. Quizá porque él no tiene cuerpo para chaleco, como le dijo aquel pundonoroso sastre a un cliente jorobado. ¿Cuál será nuestra medida? Es muy difícil saberla porque no nos estamos quietos.

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En un muy interesante libro, sobre todo para los que somos palabristas, editado por Círculo de Lectores, se rastrea el origen de este vocablo. Proviene de la célebre epístola de san Pablo, que fue el gran inventor del tinglado, a los efesios. En Éfeso estuvo a punto de ser linchado. Se libró por los pelos.