OPINIÓN
EDITORIAL: Europa debe reaccionar con unidad y fortaleza frente al odio y el terror
«Combatientes del Estado Islámico abrieron fuego dentro del aeropuerto de Zaventem antes de que varios de ellos detonaran sus cinturones explosivos; además, un mártir detonó su cinturón explosivo en la estación de metro de Maalbeek». Es un extracto del comunicado con el que el terrorismo yihadista no sólo se atribuía la autoría de los atentados de ayer en Bruselas, sino que además celebraba el éxito de haber causado tanto daño a «los países cruzados», que además, anuncia, vivirán «días negros en respuesta a su agresión contra el Estado del islam».
No se sabe, nadie lo sabe, qué ha pasado exactamente y, por supuesto, ni mucho menos por qué. Pero lo cierto es que el golpe resulta brutal, no sólo por el efecto directo, sino sobre todo por su extraordinaria carga de simbolismo: el atentado es en y contra el corazón de Europa. Las instituciones de la UE llevan meses acordonadas polial y militarmente, con unas medidas de seguridad supuestamente inquebrantables que sin embargo no han podido impedir una nueva y violenta sacudida del terror en el barrio europeo de la capital belga. La perplejidad volvía a adueñarse de la vieja Europa, de nuevo atemorizada y aturdida. El 11-S despertó a Estados Unidos de la fantasía de la inmunidad ante el terrorismo violando la hasta entonces absoluta seguridad de sus ciudadanos. Los posteriores atentados en Madrid, Londres y París, y ahora a las puertas mismas de los cuarteles generales de la UE, son la evidencia de que Europa también es frágil y vulnerable.
Los de ayer son, pues, unos ataques contra los valores que caracterizan a la Unión Europea ante los que no cabe otra respuesta que no sea desde la unidad de todos sus miembros. Vivimos un momento en el que justamente esos valores y esa unidad —e incluso el honor que tantas veces se levanta como bandera— están puestos en cuestión por la incapacidad de todos los gobiernos de dar una respuesta a la altura de las circunstacias a la crisis humanitaria que nos avergüenza como ciudadanos. Es necesario que esa vieja Europa reaccione en todos los sentidos y, frente al terrorismo, sólo lo puede hacer desde esa unidad más allá de las fronteras y desde la determinación y la capacidad de dar una respuesta que nos fortalezca.
Los de Bruselas no son atques contra Bélgica, sino contra Europa y todo lo que representa, contra una cultura, contra una civilización, contra la tolerancia y, en definitiva, contra el valor supremo de la libertad. Estamos, pues, ante una amenaza global que ha de abordarse de manera global. Es necesario incrementar las medidas de seguridad sobre el terreno —es ridículo que allí donde se cuece y ahora también se ejecuta el terrorismo no puedan hacer detenciones por la noche— y a través de las fronteras, lo que no significa su cierre, sino la adopción de decisiones políticas que garanticen mayor seguridad a los ciudadanos frente al extremismo y el terrorismo violento y odioso.