TRIBUNA
Más profesionalidad y menos voluntarismo en la educación
A unque este artículo sale en periodo electoral, no es ese el motivo de la reflexión que voy a exponer, sino fruto de una experiencia vivida durante mis largos años en la profesión docente, ya como maestro en aulas de primaria, ya como profesor en enseñanza secundaria, ya como orientador en las etapas de educación no universitaria, sin entrar en mi experiencia docente en la universidad que no viene al caso.
Para que el lector extraiga sus propias conclusiones, intentaré ser claro en la exposición y conciso en las propuestas.
¿Por qué el título de este artículo? Me explico: Cuando pensamos en un servicio público, como puede ser Sanidad o Justicia, inmediatamente establecemos unos estamentos profesionales con funciones específicas para las que, evidentemente, han sido preparados. Si hablamos de Sanidad, por su proximidad al ciudadano, como ocurre con Educación, tenemos médicos, enfermeras, auxiliares..., amén del personal administrativo, de servicios… que desempeñan sus tareas y que las hacen con el rigor que cada cual precisa, no entendiendo, a modo de ejemplo, que el médico, como tal, hiciera mejor las funciones que tiene encomendadas la enfermería o que los profesionales de esta realizasen mejor las que desempeñan los auxiliares. Remarco este aspecto para dejar claro que hablamos de distintos profesionales, de distintos perfiles, de distintas funciones y responsabilidades que en la mente del ciudadano están meridianamente definidas y en los profesionales de Sanidad meridianamente asumidas.
Pues bien, cuando entramos en Educación todo se trastoca, todo se mezcla, el maestro, el profesor sirve para todo, siendo el encargado de recibir al alumnado cuando llega al centro, controlar su acceso a las aulas, ejercer la enseñanza que cada cual tiene asignada, ¡ah!, eso sí, con las metodologías más actualizadas, vigilar el comportamiento del alumnado en los periodos de cambios de clase y/o profesor, vigilar los periodos de recreo, hacer frente a los incidentes de todo tipo, controlar las salidas, excursiones…..En fin, son los omnipresentes desde que el alumno llega al Centro hasta que finaliza su jornada, incluyendo las actividades extramuros.
Dicho esto, los políticos de turno, en base según ellos, a recomendaciones de expertos, afirman que la educación es un todo, donde el maestro/profesor tiene la extraordinaria oportunidad de observar, conocer, valorar y educar al alumno, viéndolo en distintos momentos y ambientes, como si de un padre o madre se tratase.
Visto así, hasta parece que el modelo es adecuado, ¿verdad? Bien, si tan bueno es el modelo, podríamos implantarlo en Sanidad, ya que la salud también es un todo, por ser el servicio que he tomado de ejemplo-contraste; y tener la figura del médico como único profesional que se ocupa del paciente y sus incidentes, desde que pone el pie en el centro sanitario hasta que sale del mismo. En fin, creo que el supuesto es tan caótico que no ha lugar ni siquiera el comentario.
Ahora volvamos a nuestro centro educativo, a nuestro profesorado, y veamos lo que realmente debería hacerse para llevar a cabo una educación de calidad, de excelencia y de exigencia con su función profesional.
El punto de partida sería considerar al maestro/profesor como un profesional con un perfil definido para ejercer su labor docente en la etapa/ámbito/área o disciplina que le corresponda, exigiendo el máximo rigor científico acorde a la función docente definida, pero que compartiría su labor con otros profesionales, con otros perfiles que estarían integrados en la estructura educativa del centro. ¿Qué profesionales serían? Es obvio que en función del tipo de centro habría que especificar, pero, con carácter general, tendrían cabida titulados universitarios no docentes (educadores sociales, pedagogos, psicólogos, trabajadores sociales…) titulados en Ciclos Formativos de grado Superior y Medio, con perfiles claramente educativos como (Infantil, Actividades Físicodeportivas, Atención Sociosanitaria…), amén de otros profesionales de administración y servicios con sus tareas correspondientes.
Esto, de una forma muy genérica, permitiría profesionalizar a unos titulados universitarios que en muchas ocasiones realizan tareas que nada tienen que ver con la formación adquirida en la universidad o en el temario de unas oposiciones, convirtiéndose en voluntarios (muchas veces forzosos) de asistentes, terapeutas, vigilantes en el centro, acompañantes de excursiones, controladores en salidas, organizadores de actividades lúdicas….. que no dudo de su importancia, pero sí de su aprovechamiento si no son dirigidas por personas preparadas al efecto, como son profesionales a los que he hecho referencia u otros que he podido omitir, pero que están en la sociedad con sus acreditaciones.
Aprovechemos el momento no solo para hacer un pacto educativo en lo que respecta a organización, currículo,… sino también un pacto que permita desarrollar la labor educativa con eficacia y eficiencia y que haga sentirse a los trabajadores como verdaderos profesionales, cada uno desde su perfil.
Esperemos que esta idea prenda.