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FRANCAMENTE JUAN CARLOS FRANCO
León

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D ecía Augusto que prefería diez mil ‘clearcos’ —en referencia al espartano que dirigió un ejercito de mercenarios en una frustrada conquista de oriente— en sus legiones que sangre exaltada para defender Roma. Pese a su derrota y calvario posterior entraron en la leyenda por su capacidad de superar las adversidades, las traiciones y el aniquilamiento de sus cabecillas. Los diez mil, o los que quedaron de esa cifra tras sortear todo tipo de contratiempos y derrotas, consiguieron el reconocimiento —más de los ajenos que de los propios—. Un reconocimiento a la constancia, a la autodisciplina y a la implicación por la causa que, visto lo visto, no es lo que más se estila en nuestros días.

Un reconocimiento que, a las pruebas me remito, habría que reservar para los 3.500 que acudieron al toque de corneta en defensa del Bierzo. Para ellos, el respeto de la comarca, pues sabiendo a lo que se enfrentaban decidieron dar un paso al frente. Para los 160.000 restantes que optaron por ‘il far niente’ habitual, su mayor condena será penar por esta tierra estéril desde el punto de vista industrial. Entregar lo mejor que tienen, sus hijos, a exilios forzosos. ¿Quién sabe? si tal vez llorar en su lecho de muerte la oportunidad perdida y el esfuerzo regateado para con la causa.

Los ‘generales’ de esta tropa ya saben a qué atenerse. Ya saben cuál es su fuerza para presentarse en Valladolid o Madrid y reclamar aquello de «¿qué hay de lo nuestro?». Y lo que hay, lo que se llevarán en el zurrón a esas negociaciones —si es que en algún momento llega a consumarse el encuentro—es la fuerza de los 3.500 que se echaron este miércoles a las calles de Ponferrada. Sus voces, sus aplausos, no sé si serán suficientes para callar el cómplice silencio de los otros 160.000, pero es lo que hay (así que tampoco se rasguen las vestiduras de no lograr la meta ansiada, pues la comarca adormecida, más allá de esos 3.500, sería de justicia que no se lo reprochara).

Por eso recuerdo ahora a Augusto. Para así poner en valor a los 3.500 clearcos de Ponferrada. Para así tapar el dolor que producen los ausentes. Sigamos adelante sin desviar la mirada del objetivo a alcanzar. Tiempo habrá para sumar refuerzos, si se volviera a presentar la oportunidad, que los que ya están, de eso sí estoy seguro, no van a bajarse de este carro ni van a dejarse vencer por el desánimo.

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