SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ??ARTURO PEREIRA??

La mala educación

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León

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N o conozco a nadie que no haya quedado hasta las narices después de haber terminado sus estudios. Digo esto con sincero pesar y con el también sincero deseo de poder decir lo contario cuanto antes. Algo debe estar funcionando francamente mal en nuestro sistema educativo para que los estudiantes, los de ahora y los de antes, reneguemos de nuestro paso por las aulas.

La formación de una persona no concluye nunca. Estamos muriendo y aprendiendo como dice el refrán. Los primeros pasos en la escuela son determinantes para todos nosotros. La entrada en las aulas supone una experiencia radicalmente distinta para los niños respecto de lo vivido hasta ese momento.

Los niños deberían encontrarse con un entorno que les motivara, fomentara su natural inquietud por conocer, vivir experiencias nuevas y apasionantes para ellos. Frente a esto, se encuentran con un sistema educativo memorístico, repetitivo, aburrido y cansino para ellos y para sus profesores.

La memoria ocupa el principal papel en nuestro sistema de enseñanza, por delante del análisis, juicio crítico y creatividad de los niños. Nuestro sistema educativo es un homicida de todo aquello que es natural a los niños. Deshecha todo aquello que no está dentro del corsé pedagógico de turno.

Comencemos por el horario de cualquier alumno. Trabajan más horas al día que los esclavos del Faraón. A sus horas de clase debemos sumarles las horas de los deberes en casa y clases particulares, además de actividades extraescolares. Esto no tiene sentido. Los alumnos tendrían que tener un horario al igual que tiene todo profesional. El que sea, pero un horario estructurado, con programas de estudio realistas y compatibles con el horario laboral de sus padres. No por hacer más horas se es más eficiente. El sistema educativo es un lastre para la conciliación familiar.

Nunca acepté de buen grado los deberes para casa. Nunca me aportaron nada, pues se hacen de forma repetitiva y lo que no sabías se lo preguntabas a tus padres o a quien te pudiera ayudar. Totalmente ineficaz. Si tenemos que prolongar la jornada de los estudiantes con deberes, es que hay un déficit organizativo en el sistema.

A pesar de todas las leyes y cambios en nuestro sistema de enseñanza, seguimos haciendo lo mismo que hace cuarenta años. Memoria, “chapar” y soltar los contenidos teóricos en unos exámenes que tengo muchas dudas que reflejen realmente las capacidades del alumno, han constituido nuestro sistema de enseñanza. Y digo esto en relación a la Universidad también.

Las asignaturas se estudian como compartimentos estanco, sin que el alumno se entere de que la filosofía, historia, arte, matemáticas, literatura, por ejemplo, guardan una estrecha relación entre sí y forman parte de un conocimiento que se enmarca en un contexto histórico y que van parejos en su evolución. Lejos del análisis comparativo y fomento de la creatividad, unido al juicio crítico del alumno que le permitiera interiorizar contenidos y una visión más holística de su formación, los criterios de enseñanza y evaluación se limitan a «dar temas» por parte del profesor y a «pasar» exámenes por parte del alumno.

La selectividad juega un papel desastroso en todo esto. ¿Qué sentido tiene examinar a unas criaturas de diecisiete años de lo mismo que se han examinado en sus institutos hace quince días? En algunos casos ha sido demoledor para estudiantes brillantes que por tener un mal día han visto como su nota media ha bajado unas décimas imposibilitando acceder a la carrera que era su vocación desde niños. Esto es sumamente injusto y sumamente grave.

Podría seguir «desatándome» contra el sistema educativo pero creo que también debemos tener esperanza. Digo esto porque tenemos un profesorado, a pesar de que ellos también han sido víctimas del sistema, que es consciente de los defectos y graves problemas de nuestra enseñanza. Es triste hablar con alguno de ellos y apreciar que todo lo que saben y podrían transmitir a sus alumnos, sobretodo la pasión por saber, se ven impedidos de hacerlo por los programas y necesidad de obtener unos resultados que se han revelado como ineficaces.

La labor de un profesor es fundamentalmente motivar, fomentar el ansia por conocer. Para ello necesita libertad y respirar aire fresco. Necesita tiempo para sus alumnos. Los alumnos necesitan tiempo, un ambiente estimulante y ser feliz descubriendo la vida, porque en definitiva en eso consiste la educación de una persona, en descubrir la vida.

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Desde aquí doy las gracias a aquellos profesores que me enseñaron algo más que las asignaturas de turno. A los que me enseñaron a afrontar la vida con apertura de mente y juicio crítico. A los que me enseñaron a que si no conocía la filosofía nunca entendería de verdad las matemáticas y viceversa. En definitiva, les doy las gracias a mis profesores que me enseñaron a entender la vida. Llegado a este punto debo dar las gracias a mi joven amiga Claudia estudiante de segundo de la ESO. Ella me ha guiado con su experiencia e ideas en la redacción de este artículo. Mirándola a los ojos recobro la esperanza, pues veo una mirada inteligente e inquieta, con ganas de saber. El hecho de que aceptase mi propuesta de colaborar en la redacción de este artículo, demuestra que a pesar de todo lo dicho, quedan alumnos como Claudia con personalidad propia, iniciativa y un futuro brillante. Digo, «a pesar de» porque en esta querida España nuestra todo lo bueno lo hacemos «a pesar de».