Universidad: conocidas carencias, algunas urgencias y nuevos retos

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León

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«Una universidad que no se aprecie y valore y no estimule la investigación está condenada a la mediocridad». En un discurso marcadamente reivindicativo en el transcurso de la ceremonia de apertura del curso académico 2016-17, el rector de la Universidad, Juan Francisco García Marín, definió con precisión la situación de la institución y sus necesidades, pero sobre todo hizo énfasis en los grandes retos que la ULE debe asumir más pronto que tarde para no perder la carrera del futuro y defender los valores que en otro tiempo la situaron como referencia en aspectos muy concretos de la enseñanza y la investigación. Es justo que quien acaba de llegar, porque su toma de posesión y la de su equipo es todavía reciente, reclame un margen de tiempo y pida un poco de paciencia: «A veces atender lo urgente, lo atrasado, nos obliga a posponer lo importante».

Sin embargo, ni él, ni la institución que representa —ni tampoco la sociedad leonesa en general— pueden permitirse dejar de lado un asunto capital: evitar el fracaso de la evaluación a la que la Facultad de Veterinaria se verá sometida en mayo de 2017 por parte de la autoridad académica europea. En otro tiempo señera de la Universidad de León, Veterinaria es la única titulación en esa situación. Es necesario, en consecuencia, que las medidas exigidas en el informe europeo posibiliten la recuperación de su crédito y el prestigio alcanzado y perdido sólo poro la desidia largamente prolongada, el evidente desatino y la inacción generalizada entre todos —todos— los estamentos.

Pero al margen de esa cuestión puntual y prioritaria, es evidente que en general la ULE debe mejorar la calidad de investigación como reto a medio plazo, si bien de manera más inmediata también habrá de poner coto a su envejecimiento, inestabilidad e inseguridad en el futuro como consecuencia de «viejas costumbres y formas de obrar que no pueden permitirse». Y eso pasa por imponer una gestión más ágil y eficaz e incentivar las medidas relacionadas con la investigación que eviten que sea condenada a la mediocridad. Un aspecto fundamental en este sentido es la mejora de la situación del profesorado y la necesidad de afrontar relevos e incorporaciones que la tasa de reposición y los recortes imposibilitaron en los últimos años. Bajo la idea de que no puede pedirse excelencia a las universidades a la vez que se ahogan sus recursos es también necesario, y esto corresponde a la Junta, mejorar o al menos mantener la dotación para las universidades públicas, asumiendo con valentía que la rentabilidad sólo puede entenderse en términos de contribución a la formación de profesionales que hagan que la sociedad sea mejor. Porque la Universidad de León es, efectivamente, una fuente de recursos para la sociedad leonesa y un motor que mueve no sólo su desarrollo científico y cultural, sino también económico, creando empleo y riqueza en toda la provincia.

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