Compromiso para que la riqueza revierta en beneficio de la sociedad

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León

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«Un ejemplo de esas familias que generaron mucha riqueza y mucho empleo y ahora están devolviendo el beneficio a la sociedad de la que partieron». La entrega del XI Premio Diario de León a la Fundación Cepa se convirtió de algún modo en un cálido homenaje a la emigración, pero de manera especial al afán de sus protagonistas por conseguir que su patria de origen progrese en todos los órdenes, incluido el de la justicia social. El presidente Juan Vicente Herrera, recordó la «leyenda» familiar que hunde sus raíces en Pablo Díez y cuyo legado sigue muy vivo en sus herederos, con ese esfuerzo continuado en favor de la labor filantrópica que hoy es fundamental para diversas organizaciones que trabajan en lo social, lo asistencial o lo educativo en la provincia.

Y es que como destacó el presidente del Diario, José Luis Ulibarri, el ejemplo de la Fundación Cepa debe ser un acicate para que León mire hacia el futuro, por su labor «sin reclamar la más mínima notoriedad, con el cariño y la bondad con la que lo hace quien sólo busca ayudar sin pretender otros reconocimientos».

En el 110 aniversario de la fundación del decano de la prensa leonesa, el premio al Desarrollo Social y los Valores Humanos recayó en una entidad con una trayectoria corta en el tiempo pero muy extensa en su actividad, y además con un variado catálogo de frentes abiertos que le llevan a financiar actividades de Aspace, Cáritas, Alfaem, Asleca, Universidad de León, Cruz Roja, Juan Soñador, Autismo León, Asprona o Alzhéimer León, entre otros.

Ese complemento que sustenta y anima el esfuerzo de cientos de voluntarios que dan vida cada día a esas organizaciones básicas para la sociedad que reciben el beneficio de unas personas que han vivido en su propia vida la necesidad de trabajar duro. Así lo narró Carlos Fernández González, que intervino en el acto como presidente de la Fundación Cepa, y que se inició en el grupo Modelo como botones en la recepción de la empresa con apenas 13 años, y aprendió de la mano de sus tíos y su madre la necesidad de trabajar duro y ser mejor que los otros para poder avanzar. Orgulloso de sus raíces leonesas y de sus orígenes humildes, homenajeó igualmente a quienes abandonaron sus pueblos para buscar oportunidades en tierras lejanas, en las que algunos triunfaron y otros no lo lograron aunque también tuvieron que trabajar duro.

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Y la unión de ese éxito empresarial con el compromiso con la tierra se ha convertido hoy para León en una fuente de impulso al desarrollo social de la provincia, que recibe desde hace tiempo el legado de quienes heredaron de Pablo Díez su afán porque esta tierra progrese y sea cada vez más justa.