EL BAILE DEL AHORCADO
Un autobús de serrín
Los niños tienen pene y las niñas vulva». Algo tan trivial podría parecer inocente, pero no lo es. Con esta frase, los seguidores de Hazte Oír están cavando trincheras, dejando a la intemperie a un grupo de niños que no se sienten identificados con la disposición genital que la biología les ha dado. Con este tipo de cosas trato de controlarme, pero me resulta complicado. Es difícil porque vuestra manera de pensar, esa intransigencia ideológica en la que tan sólo sois capaces de conjugar certezas basadas en la pureza del dogma, os lleva a despreciar el sufrimiento de los más débiles.
Defiendo el derecho de todo el mundo a la imbecilidad. No todos somos iguales. Los hay más idiotas y más brillantes. La homogeneidad es un principio que no conjuga en el ámbito intelectual. Vosotros sois el ejemplo. Ahora bien, lo que no debe permitir un Estado de Derecho es que la visión del mundo de un grupo de obtusos pretenda controlar al legislador. Vuestro concepto de la vida está muy bien para que con él organicéis vuestra casa, para la economía doméstica, para vuestra intimidad, pero los días en los que la doctrina religiosa dirigía consejos de ministros terminaron. Esto no es Yuta, ni Arabia Saudí, donde la observancia de la verdad revelada es de obligado cumplimiento. No. Aquí se respeta a las minorías (vosotros) pero no se las deja mangonear.
La mayoría ha decidido que cuando un niño —aunque tenga colita— siente como una niña, hay que ayudarle a gestionarlo, ayudarle para que su disposición orgánica se acople a su identidad sexual. Lo contrario es condenarle a una cárcel de por vida. Porque, veréis, la transexualidad no es un acto volitivo, como vosotros pensáis. Yo no soy hombre o mujer porque quiera serlo. Yo soy mujer porque lo siento, lo pienso y lo vivo de manera integral, aunque vosotros creáis que cuando Dios nos coloca un pene es para que éste tome el control. No. La integralidad de la persona no es lo que vosotros pensáis, y Dios, el que me ha creado legándome el libre albedrío, se avergüenza de vosotros. Otra cosa es que os creáis cristianos cuando no sois más que un grupo de fariseos que se aparta de los impuros. Los niños tienen pene, las niñas vulva y vosotros, serrín en el cerebro.