LEÓN EN VERSO
Te queda mucho fútbol por delante
Eso de esperar a la tanda de penalties arrastra a consecuencias dramáticas; mientras entrenábamos para los mundiales de mus que se jugaban cada semana, sin límite de tiempo, ni horario, ni más necesidad que cartas y cerveza al pie del tapete, y un garito con techos altos para que el humo del marlboro nos dejase ver las señas, hacíamos terapia con el mismo ánimo que le regalaron a Sebastián Losada para consolarlo en aquel mayo del 88; Losada, el Pipiolo, un chavalote de Vigo que se armó como futbolista en la cantera del Madrid, y fue protagonista de la final de la Copa de la Uefa entre el Español y el Leverkusen, cuando este trance se resolvía a doble partido; el equipo de Clemente llevó una renta holgada para poder hacerse con el trofeo en el campo alemán; pero el fútbol, que es la única religión que no tiene ateos, cebó la fe del Bayer y la cosa terminó en la línea fatídica de los once metros, como termina de golpe la pubertad. Y la juventud, a veces. Fue Losada al decisivo, con todo empatado, y mandó el balón al tercer anfiteatro. Desolado el vigués, con los ojos encharcados por la frustración del zapatazo, deambuló por el campo sin más alivio que el hombro que le prestaban jugadores periquitos que, ante las cámaras reporteras en mitad del césped por el que se derrumbó aquella noche el mundo españolista, trataron de aminorar el golpe: Venga, Losada, que eres joven todavía, que tienes mucho fútbol por delante. Sin quererlo, después de la cita de Leverkusen, cada vez que alguien perdía el aliento en la muerte súbita que acompaña un órdago, o al momento sonrojante que supone comerte la partida del siglo con unos dúplex cuando te sudan las manos con unas medias de reyes, nunca faltó un golpe de aliento para el contrincante; venga, que te queda mucho fútbol por delante. Tengan en cuenta el auxilio moral con el que los compañeros empatizaron con el Pipiolo Losada cuando hizo añicos una proyección prodigiosa al enviar el balón al cielo estrellado de Leverkusen. Asistan al partido. Esta semana no bastará el bálsamo de fierabrás para frenar el desencanto que va a experimentar uno de los dos futbolistas; que se fajan en un campo en el que, hasta ahora, todos los jugadores atacaban siempre hacia la misma portería.