EDITORIAL | Incertidumbre generalizada por el inicio de la cuenta atrás del ‘brexit’
El fantasma del brexit empezó a inquietar con mayor insistencia al iniciarse anteayer la cuenta atrás a los 1.233 leoneses —más de 200.000 españoles— que viven en el Reino Unido, aunque en realidad la desconexión de la Unión Europea afecta a cerca de tres millones de europeos. Porque Londres, destino generalizado, no es sólo capital de negocios. Hay muchos estudiantes que van allí a mejorar su nivel de inglés o para trabajar en cualquier empleo hasta que encuentren uno que se adecúe a aquello a lo que aspiran porque es para lo que se prepararon. El problema para ellos y para quienes llevan diez, veinte o más años y que construyeron su vida allí es que detrás del brexit hay algo más: el miedo y la desconfianza al inmigrante y la voluntad generalizada de mantener intactos y sin interferencias exteriores los valores británicos. Y eso bloquea o al menos convierte en muy difícil y realmente tedioso alcanzar la residencia permanente en el país.
Pero es una situación que no sólo pone nerviosos a los europeos continentales, porque también se da el fenómeno contrario. Británicos acostumbrados a moverse por otros países o que tienen segundas residencias aquí quieren ahora a toda costa conseguir un pasaporte que les permita mantener esa normalidad.
El brexit ha provocado una corriente de inseguridad en el futuro. Pero esta incertidumbre no sólo atemoriza a los ciudadanos de a pie, sino también a las altas esferas gubernamentales, sobre todo de este lado, que tienen que afrontar y diseñar una desconexión de Europa que los cogió por sorpresa. El problema de la Unión Europea es que nunca se entendió a sí misma más que como un club comercial y económico y, en consecuencia, nunca fue capaz de poner en marcha una política exterior común en la que apoyarse en una situación como la sobrevenida.