TRIBUNA

Santa María del Mercado, la Antigua del Camino

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Máximo CAYÓN DIÉGUEZ Cronista Oficial de la ciudad de León
León

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L a Morenica del Mercado, es decir, la Antigua del Camino, es una de las máximas devociones de esta urbe Regia, antigua capital del Viejo Reino. Destinataria de las súplicas y las oraciones de tantas generaciones de leoneses como nos han precedido, y, por supuesto, de un número incontable de peregrinos que han tenido y tienen como destino Santiago de Compostela, esta Reina de los Mártires escucha ahora también nuestras plegarias y confidencias, en mi caso particular, musitadas desde los tiempos lejanos de la infancia.

Se ha dicho que una imagen es una oración hecha arte. El aserto se cumple plenamente con la Morenica del Mercado, la Antigua del Camino de León. Hoy, quinto viernes de cuaresma, es Viernes de Dolores. Y en el alcázar mariano donde recibe veneración dicha imagen, templo románico del siglo XII, tiene la fe su centro de gravedad. Un eminente medievalista, el profesor Luis G. de Valdeavellano, en su obra Orígenes de la burguesía en la España Medieval, [1969, pg. 167 y 168] refiere que ‘en el año 1092, en efecto, había ya en León un ‘barrio de francos’ o ‘vico francorum’, al que aluden varios documentos del siglo XII y que se había formado en las proximidades del lugar en el que se reunía el mercado en el siglo X, a lo largo de una ‘calle Francoum’ o ‘rúa froncorum’, que correspondería a las actuales calles de Puertamoneda, Herreros y la Rúa. Este barrio, nacido en la zona mercantil de la expansión urbana, lo llama ‘burgum francorum’ un documento de 1122 y en el mismo existía ya en el siglo XII la iglesia de Santa María de ‘uico francorum’ o ‘Sancte Marie de Camino sancti Iacobi’, hoy Santa María del Mercado’.

Una vez finalizados los actos litúrgicos del día, a las ocho de la tarde, los acentos sonoros y rotundos de las campanas parroquiales de la antañona y recoleta iglesia mariana, anunciarán el inicio de la procesión, una lámina devocional que en León tiene arraigo de siglos, una estampa donde se vislumbran características y peculiaridades acreditativas de los cortejos penitenciales de nuestra ciudad, por tantas razones objetivamente singulares.

Manifestación de religiosidad popular que deviene en semilla propicia para el surco de la fe, a partir de entonces, como ha ocurrido desde lejanos tiempos, los acendrados latidos de la espiritualidad tornarán el sentimiento en vivencia íntima y, en determinados momentos, propiciarán también la entonación de fervorosos cánticos que, impregnados con el sello inconfundible de la devoción, se mutarán en oración personal. Siempre fue así. Y así seguirá siendo.

Santa María del Mercado esmalta con su identidad actas, crónicas y documentos lo mismo eclesiásticos que municipales, lo que equivale a decir que se encuentra muy presente en las páginas memorables que conforman la secular historia de la ciudad de León. Talla anónima y sedente, posiblemente del siglo XV, esta imagen es amparo y consuelo ante tantas lacras como nos asedian. Y es que el sereno realismo de su rostro y el intenso grado emocional que atesora su mirada entristecida, allanan las asperidades cotidianas que invaden el ánimo.

El entusiasmo popular así lo ratifica. Por vía de muestra, baste la siguiente referencia, que tiene un siglo. Está tomada del Diario de León, [31.03.1917, pg. 2]. Allí se lee: «A pesar de la lluvia, tal era el entusiasmo ayer al concluir la novena, que hubo necesidad de que saliera la procesión, aunque al llegar al convento de las Carvajalas, hubo precisión de volver a la parroquia. Felicitamos al digno párroco (lo era D. José Fernández Alonso, de inolvidable memoria entre los feligreses) por éxito tan feliz. Y que sirva todo a honra de nuestra Celeste Madre».

En esta festividad litúrgica, la morfología legionense se alfombra de fervor y penitencia. Y, por ello, la escenografía urbana, al paso de la Morenica del Mercado, se convierte en una pequeña Jerusalén. Como bien se sabe, en medio de una emotividad sincera y ferviente, la procesión realiza tres estaciones durante su tradicional recorrido. La primera en el Real Monasterio de Santa María de Carbajal, situado en la plaza de Santa María del Camino, más conocida por la plaza del Grano; la segunda, ante la capilla del Santo Cristo de la Victoria, y la tercera en la plaza de Santo Domingo, donde, por parte de las devotas y los braceros, a dos coros, se entona la Salve popular. A punto de cerrar litúrgicamente sus puertas la Cuaresma, la Semana Santa de León inicia su andadura el Viernes de Dolores, en la iglesia de Nuestra Señora del Mercado. Y llegados aquí, a modo de recuerdo y homenaje, debe subrayarse que el pasado 7 de marzo, —hoy, por tanto, hace un mes cabalmente—, entregaba su alma al Altísimo el Rvdo. Sr. D. Enrique García Centeno, párroco de lNuestra Señora del Mercado y del Camino, la Antigua, de León, donde desarrolló, sin reserva alguna, durante 57 años, su enorme labor de apostolado.

Hace unos días, D. Antonio Trobajo, en una certera etopeya, revelaba con una prosa tan sencilla como fulgente las claves de la figura y personalidad de D. Enrique. En una versión singularizada, he aquí un fragmento: ‘Pequeño de estatura, listo como el hambre, brillante en sus estudios, servidor discreto a tiempo pleno, llano en la palabra, pícaro en el diagnóstico, fiel en la amistad, sacrificado en la vida privada, temperamental a la primera y manso en las distancias cortas. Seguro en la fidelidad a la Iglesia y abierto a los cambios culturales del mundo, se dejaba querer y corregir con humildad. Se fue al Padre arropado por las oraciones y la gratitud de todos’.

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Cuantos le conocíamos, queríamos y, por supuesto, respetábamos, nos sentimos víctimas de la orfandad. Por eso, echaremos en falta, más que nunca, su presencia física este Viernes de Dolores. Y es que D. Enrique era el alma mater de la organización de esta procesión que, desde tiempos inmemoriales, es preludio de la conmemoración del Misterio Pascual del Verbo en León. Descanse en paz.