LA LIEBRE
La llamada de 2º
Mi abuelo Lumi encendía el Seat 1500 azul oscuro, pitaba con el motor ya arrancado a la puerta de Casa Blas y yo corría disparado desde el portal para montarme en el asiento trasero, donde me revolvía como si tuviera hormigas para que no se me pegasen las pantorrillas cuando hacía calor. Salíamos con mi padre de Boñar camino de León todavía con la comida del domingo en la boca, comida ineludible de familia, para que mi abuelo tuviera la disculpa de llevarme al fútbol. No tengo muy claro que le apasionara, ni siquiera que fuese aficionado del club en el sentido estricto de la palabra, pero disfrutaba aquellas tardes de La Puentecilla como un ritual en el que enseñarme cosas importantes que luego he descubierto al palpar los recuerdos, sentado en la grada de otro estadio ya con mis hijos al lado. Nos colocábamos a la izquierda de la tribuna, frente los impenitentes seguidores de preferencia que perseguían amenazantes durante todo el partido al juez de línea con el paraguas en la mano, y repetíamos a coro entre risas los gritos que marcaba con voz aguda una paisana sentada varios escalones más abajo. ¡¡¡Cultural, Cultural!!! No recuerdo victorias, ni derrotas de aquellas tardes. No las necesito.
El sentimiento culturalista se remite a esos momentos con mi abuelo y a los que encontré luego por mi cuenta, como cuando nos colábamos con los guajes del barrio retrepados por el fondo sur del Antonio Amilivia. Lo había perdido —reconozco que en primer lugar soy del Puente Castro— hasta que esta temporada he rescatado un poco lo que quedaba subido al carro de la ilusión despertada por el equipo. No resulta fácil generar el clima que se vive en la ciudad, asomada al espejo de los 27 años que se cumplen ahora del ascenso del Elosúa a la ACB. Pese a la fiebre que causó el baloncesto y a los siete títulos con los que Ademar se ha convertido en emblema, León vive como una obsesión la necesidad del ascenso de la Cultural después de 42 temporadas fuera de la Segunda División. En todo este tiempo se estuvo incluso a punto de desaparecer, cuando los salvadores de la patria jugaron a cambiar suelo construible por fútbol para blanquear su imagen. Ya es hora de que León obtenga su recompensa y que los aficionados lo celebren. Hay uno que cada jornada sin falta, cuando acaba la Cultural, llama a la redacción del periódico para preguntar por el resultado. El próximo domingo ponemos el manos libres.