TRIBUNA
La fiesta de los toros no debe seguir siendo moneda de cambio de los políticos
E n una nación democrática donde la libertad debiera ser su bandera y no todo lo contrario, como está ocurriendo contra la fiesta de los toros, donde de una forma visceral arremeten contra ella, sin argumentos contundentes, sólo prohibir por prohibir; solamente les importan las órdenes de sus partidos y así, cuando tienen necesidad de otros partidos para poder gobernar en autonomías o ayuntamientos, ‘tragan’ lo que haga falta y para ello uno de los actuales que está de moda es firmar lo que sea contra los toros, sin importarles las consecuencias tan importantes como la economía nacional (estos días hemos visto en la prensa, los 73 millones de euros que ha revertido la fiesta de los toros en Madrid).
Y así, alcaldes aficionados de toda la vida, al llegar a la Alcaldía (un caso es el de Valladolid) tienen que ir contra la fiesta y no sólo negando subvenciones, sino algo sin sentido y con muy mala leche, denegar el título de Ciudad Taurina a Valladolid.
Y hablando de reglamentos taurinos, sí de reglamentos, en la actualidad hay 17 reglamentos taurinos y cada uno diferente, escritos la mayoría por incompetentes políticos, cuando siempre hubo uno en España con el que siempre funcionó extraordinariamente la fiesta.
Ahora, como vemos en las corridas televisadas, presidentes impuestos por los políticos de turno, como hemos visto últimamente en plazas tan importantes como Sevilla o Madrid, saltarse el reglamento con prepotencia, como la concesión del primer trofeo de oreja, que la concede el público soberano y hemos visto la plaza llena de pañuelos y negarla, saltándose el reglamento, nunca mejor dicho….. a la torera.
Concretando, vivimos un momento con la fiesta de auténtica dictadura política con desamparo total y cualquier concejalillo de cualquier pueblo de España, tiene la fuerza para cambiar con su voto los festejos taurinos de su pueblo negativamente.
Y para finalizar, menos mal que la historia nos dejará que ni reyes ni papas fueron capaces de abolir la fiesta, estos impresentables viscerales lo van a conseguir.