León

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Pocas cosas nos definen tan bien como el viejo chiste, o probablemente sucedido, del que explica cómo decidió intervenir al ver que tres individuos le daban una paliza a otro en un callejón: «entre los cuatro lo pusimos...». La cosa viene de lejos. De cuando Viriato defendía Hispania frente a los romanos y acabó en un ‘callejón’ a manos de los compañeros de filas. O de la larga tradición de estocadas traperas motu proprio o por encargo pero, eso sí, a ser posible por la espalda y con el artista bien resguardado. Y no olvidemos la abundante experiencia de paseados, por unos y otros, porque siempre es mejor ponerse del lado del que apoya su dedo en el gatillo.

Todo parece cuestión de ese repentín, que nos llevó a apoyar la pena de muerte tras un atentado, y que estos días nos hace patriotas españolistas. Durante años desoímos a quienes alertaban —qué sabrían ellos— de que entregar la educación a los ultras del nacionalismo, además de desamparar a miles de familias, suponía enfilar hacia el abismo. Y que a golpe de concesión sólo se avivaban más las ansias fagocitadoras.

Pero lo dicho. Es mucho más cómodo ser el padre del que acosa en el patio escolar que el de la víctima. El carro del vencedor suele ir bien lleno porque en cuanto empieza a notarse el agua en el barco ya se sabe quiénes son l@s primer@s en irse. Y en los despachos del colegio siempre es más sencillo no complicarse las cosas. ¡Que se lo pregunten a l@s padr@s y abuel@s que insultaban al chaval de Maristas en las filas! O al consejero al que el Procurador del Común critica que no tenga controles sobre esos casos en los colegios concertados y su respuesta es amenazar con perjudicar a miles de familias inocentes quitándoles el concierto educativo —algo que sabe que ni puede decidir ni hará— pero que le convierte por unas horas en el rey del callejón de las redes sociales acaparando ‘likes’ porque nada como poner a los curas en su sitio, o a los que se les ocurre defender ese ente extraplanetario que algunos se empeñan en llamar España.

El repentín es muy agradecido y más si arranca sonrisas o parabienes (likes). La cobardía está detrás de muchos incidentes en los patios —entre los iguales y entre los adultos al cargo— pero también al avivar los linchamientos. En este país nadie llevó nunca unos calcetines blancos y por estas tierras ¡de la Cultural de toda la vida!

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