EDITORIAL | Unos presupuestos continuistas que no afrontan nuevos proyectos
El proyecto de presupuestos de la Junta de Castilla y León para 2018, avanzado en sus grandes cifras el pasado miércoles por el presidente Juan Vicente Herrera (10.860 millones, con un incremento de 566, el 5,5% sobre los de 2017) y presentado ayer más en detalle, mantiene el guión del reparto territorial y no difiere sustancialmente de las cuentas de ejercicios anteriores. En esa línea, la provincia de León seguirá una vez más a la cabeza de la comunidad autónoma en la distribución provincializada con 1.114,8 millones, el 18,3% de las partidas consolidadas, lo que supone que elevará su peso relativo en el reparto de dinero en dos décimas respecto a las cuentas de este año, prorrogadas y presentadas en abril.
El análisis más detallado revela algunas curiosidades, como que la inversión más cuantiosa de esa asignación provincial —7,5 millones— se destina a la restauración del cielo abierto Nueva Julia, en Babia, un proyecto que se desarrolla presupuestariamente desde 2017 hasta 2020 y que para entonces habrá supuesto un gasto de 23,2 millones. Al margen del efecto paisajístico y sobre el medio ambiente en una zona de especial valor, sin duda la incidencia más importante la habrá de tener sobre el empleo en un sector y en una zona muy castigados.
Como cada año, el mundo agrícola y las infraestructuras del campo absorben la partida más importante, pero de los 24,5 millones, 13 se destinarán al desarrollo de los regadíos de Payuelos, una obra ambiciosa e ingente, no menos que la inversión acumulada, que a medio plazo deberá revolucionar y redimensionar la actividad en todo el sureste de la provincia.
En materia de educación las cuentas se limitan a contener y dar respuesta a la enorme presión social sobre el proyecto del auditorio en la capital —1,5 millones de los 6,4 a desarrollar hasta 2020— y la construcción del colegio Los Adiles, en Villaobispo —2,6—, largamente demandado por los vecinos de esa área periurbana de gran crecimiento poblacional.
El Musac, concretamente el pago de intereses por el crédito para su construcción, consume casi todo el gasto en materia cultural. Al margen de esos 5 millones, sólo migajas para la Catedral, San Isidoro, el monasterio de Sandoval, el Museo de la Siderurgia y la Minería de Sabero, el conjunto histórico de Lois y el patrimonio industrial de las cuencas mineras.
En definitiva, y al margen de la aportación no definida para el Palacio de Exposiciones, se trata de unas cuentas anodinas, continuistas y desilusionantes que sólo permiten avanzar en proyectos pendientes y afrontados con dificultad durante la crisis, pero que casi ignoran al Bierzo —9 millones— y olvidan dar impulso al Parque Tecnológico, clave para el desarrollo laboral y económico de la capital. La lectura más positiva hay que buscarla sin duda en el análisis general y en el esfuerzo por elevar al más alto nivel el gasto social, con el 70% del total.