CUERPO A TIERRA
Toni Cantó, el pájaro solitario
Toni Cantó es un orador al que casi no le dejan hablar ni los de su propio partido. Por eso, saca pecho de barítono y se expresa mediante el gorjeo del tuit, que es el canto del pájaro solitario. Porque, aunque la mística sea un lenguaje que ha dejado de apreciarse, la lengua muerta del alma ha encontrado su reviviscencia en esos mensajes apretados con que se comunican los miembros de la tribu del tuiteo, esa que en las noches prende la hoguera dándole fuego al papel mojado de las pantallas líquidas de los móviles, hasta encender las redes. Allí, Cantó es el rey de los comentarios incendiarios, del humo blanco. Al menos, entre la clase política, carece de rivales de cierta enjundia. Y, por eso mismo, de entre la masa casi indistinguible de los miembros de Ciudadanos, sobresale como la vela en una tarta que muchos sospechan no es ni demasiado dulce ni demasiado salada. Demasiado nada, acaso. Ciudadanos, por empacho de equidistancia, ha creado el ultracentro. Y aspira a pasear colgadas de cada uno de sus brazos a la derecha y a la izquierda.
Más que sus patinazos de época, a Toni Cantó lo definen sus retractaciones y disculpas. En eso, sabe estar. Como diría aquel, «qué buen cantante sería si no fuera por la voz». Porque, pese esos deslices, se le sigue considerando un valor en alza de la formación naranja, que siempre ha demostrado mucho tino en la elección de sus candidatos, como cuando puso al humorista Felisuco a competir con Revilla en Cantabria.
Toni Cantó, más que un valor emergente, es uno subterráneo, pues se le reconoce hasta por sus silencios. Los silencios de Cantó son un susurro hacia fuera, un alarido asordinado, un grito de auxilio que no dice auxilio sino socorro, al que va adjunto un vídeo de Socorrito, la prima de alguien que vive en Alcorcón. Tropieza tres veces con la misma piedra pero no escama en su producción de comentarios realizados fuera de cobertura intelectual, como escritos por cualquiera de los centrales titulares de la Roja. Pero en un partido donde mandan Rivera y Villacís, tan relamidos dialécticamente, tan de extremo centro, la voz desafinada de Toni Cantó, actor y político en el banquillo, es un chorro de agua fresca con gas, aunque se desparrame. Si no pudieron en UPyD, a ver quién es el guapo que le pone tapón y lo embotella.