TRIBUNA

Del ‘dies natalis’ pagano a la Navidad cristiana

Publicado por
Prisciliano Cordero del Castillo Sacerdote y sociólogo
León

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D ice Mircea Eliade, historiador de las religiones, que el hombre primitivo trata de sacralizar aquellos espacios y tiempos que le sobrecogen, que no comprende, convirtiéndolos en hierofanías o manifestaciones de lo sagrado, con el ánimo de conocer, dominar y festejar lo desconocido del cosmos, de la naturaleza y del mismo hombre.

Una de las mitologías más extendidas en las religiones antiguas ha sido la del culto al dios sol y, por tanto, uno de los tiempos más sacralizados fue el solsticio de invierno, del 21 al 23 de diciembre, que marca los ciclos del sol y el cambio de las estaciones. Muchas culturas primitivas consideraron el solsticio como una manifestación de la muerte de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo, porque en él se producen las noches más largas del año, pero, pasadas estas, el solsticio marca el ascenso constante del sol y el día comienza de nuevo a crecer.

Han sido muchos los pueblos que en torno al solsticio de invierno crearon mitos y ritos para celebrar el nacimiento del sol, encarnado en alguno de sus dioses. Así, en Persia se celebraba el 25 de diciembre el nacimiento de Mitra, dios solar, que pronto pasó a India y más tarde al imperio romano, en Grecia el 31 de diciembre se celebraba al dios Cronos, dios de las cosechas y del tiempo, en Roma al dios Saturno o dios de la agricultura con las fiestas saturnales que comenzaban el 21 y terminaban el 25 de diciembre, el «dies natalis solis invicti» (día del nacimiento del sol invicto). El emperador Aureliano (270-275) decretó la obligación de celebrar esta fiesta en todo el imperio el día 25, haciéndola coincidir con el solsticio de invierno. Estas fiestas eran celebraciones no de la oscuridad o muerte del sol, sino como anuncio del próximo nacimiento del sol, de la luz y de la vida, como un natalicio pagano.

¿Pero qué tiene que ver la Navidad cristiana con estas fiestas paganas? Para empezar, tenemos que reconocer que la fecha exacta del nacimiento de Jesús es desconocida, porque en el Oriente antiguo no se celebraban los nacimientos, sino más bien el día de la defunción, como paso a una nueva vida. Tampoco las Sagradas Escrituras ayudan a despejar la incógnita. Marcos, en su evangelio, pasa completamente por alto la infancia de Jesús. Mateo sitúa su nacimiento en Belén, pero no habla de fechas. Lucas dice que «Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño» (2,8), lo que hace suponer una fecha no invernal, sino más bien de primavera.

Nunca la Iglesia primitiva fijó la fecha exacta del nacimiento de Jesús, más bien existe constancia documental de que en el siglo II hubo amplios debates sobre este tema que llevaron a afirmaciones muy contradictorias: Clemente de Alejandría propuso como fecha del nacimiento de Jesús el 18 de noviembre, otros señalaron el 2 de abril, el 21 de mayo, y en el De Pascha Computus, atribuido a Cipriano, obispo de Cartago, y fechado en el año 243, se afirma que la natividad se produjo el 28 de marzo.

El hecho de que no se documentara la fecha del nacimiento de Jesús, pero sí la de su muerte, demuestra a qué acontecimientos daban importancia sus discípulos. Lo que parece cierto es que en la Iglesia hasta el siglo IV la Navidad no fue una de sus celebraciones importantes, como lo confirma el testimonio de Juan Crisóstomo que en una de sus homilías cita las tres grandes fiestas cristianas: Epifanía, Pascua y Pentecostés. No será hasta el siglo V cuando la Iglesia decida oficialmente celebrar el nacimiento de Jesús el día 25 de diciembre y será el emperador Justiniano quien lo implante como día festivo en el año 529. Hoy se reconoce de forma casi unánime que la existencia de las fiestas paganas: los cultos a Mitra, al dios Cronos o las saturnales, con su Natalis Solis Invicti, llevaron a la Iglesia a fijar el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre por dos razones fundamentales, una teológica: Cristo es identificado con el sol invicto, con la luz que vence a las tinieblas: «En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.  Y la luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron» (Jn 1, 4-5), y la otra de tipo pastoral y práctica, porque los primeros cristianos seguían celebrando las fiestas paganas, hasta tal punto que San Agustín (354-430) en sus Sermones suplica a sus contemporáneos que el día 25 de diciembre no reverencien al dios sol, sino a Jesús. Y contrapone los regalos, fiestas en los teatros y borracheras de los paganos, a las limosnas, oraciones y ayunos de los cristianos (Sermón 198,2). Otra explicación que va en la misma línea y que parece más probable es la que ve en la fiesta del nacimiento una acción de la iglesia romana para cristianizar las fiestas paganas dedicadas al dios sol. San Jerónimo, queriendo explicar que el nacimiento de Cristo debe ser celebrado el 25 de diciembre, dice: «Hasta aquel día (25 de diciembre) crecen las tinieblas y desde aquel día disminuye el error y viene la verdad. Hoy nace nuestro sol de justicia».

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Lo nuevo de la Navidad cristiana frente a las fiestas paganas es que Dios ha entrado en la historia de la humanidad, como lo expresa el prólogo del evangelio de Juan: «El Logos (la Palabra) era Dios… y aquel Logos fue hecho carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1:1,14). Nos encontramos ante un gran mito, entendido en sentido positivo y antropológico, para transmitir una verdad tan profunda que solamente el lenguaje mítico, figurado y simbólico es capaz de expresar. Un mito es verdadero cuando el sentido que quiere transmitir es verdadero e ilumina a toda la comunidad. Así el Nacimiento de Jesús es un mito cristiano lleno de verdad, de cercanía de Dios y, por ello, independientemente de la fecha del nacimiento de Cristo, la Navidad en todo el mundo cristiano tiene el mismo significado que va más allá de los condicionamientos geográficos o culturales. La Navidad para los cristianos es algo mistérico, es el encuentro de Dios con el hombre y de este con su creador y redentor, porque Jesucristo ha entrado en nuestra historia y se ha quedado para siempre con nosotros en los más débiles y necesitados de la sociedad. Feliz Navidad para todos.