TRIBUNA
Devuelto el tesoro de Sijena, Lérida pierde una inmaculada del XVIII
E ste tipo de cosas parece que se hacen a propósito. Digo parece. Y al final, ahí están. Por un lado nuestra economía crece que es la envidia de Europa y por otro, ocurren cosas como la entrega, desde luego tardía, de un tesoro en poder de Lérida y, ahora, ya en su lugar que es Sijena, Huesca.
No está la sensibilidad del español para andar con bromas con temas donde intervengan personas o instituciones catalanas. Seguramente, con el tiempo, irá pasando pero ahora todo está efervescente y por cualquier cosa se organiza un debate.
De modo que, ahora, jotas de celebración en Sijena y sentimiento de pérdida de algo querido en Lérida.
De todas formas en los últimos años, Cataluña ha tenido un par de incidentes de este tipo. Muchos recordarán en tiempo del Presidente Zapatero, el llamado caso de «los papeles de Salamanca» que no era sino una disputa política a propósito de la cesión a la Generalidad de Cataluña de la documentación incautada por parte de las autoridades en época de Franco a instituciones catalanas.
Quiere esto decir que, como no tenemos suficiente con el espectáculo del independentismo, pues ahora nos aparecen este tipo de episodios para que nos vayamos entreteniendo.
¿Nunca tendrán fin este tipo de episodios, que de explicar algo es la «pelea» soterrada entre Cataluña y distintas regiones por recuperar o no querer entregar elementos que ellos entienden como suyos.
No es la primera vez que cito al escritor Arturo Pérez Reverte y supongo que no será la última pero es que parece que nos ganamos las cosas ridículas a pulso. Sostiene Pérez Reverte y lo dice públicamente que somos un país de desastre cuando de arreglar estos temas se trata. Lo suscribo. Parecemos niños. Nos empeñamos en lo superfluo y abandonamos lo, de verdad, importante. Defiende Pérez Reverte que casi todo eso ocurre por la falta de preparación de nuestro pueblo, de los habitantes de nuestro país. De nuevo lo suscribo.
Mientras estas cosas no salen a la luz pública, parece que no existen pero cuando alguien, vaya usted a saber el motivo, la saca a los papeles, ya comienza el lío y, así, como diría el poeta, va transcurriendo la vida.
Con la importancia de los temas que tiene pendientes de resolver nuestra querida España, ahora nos fijamos en la entrega por parte de Lérida al Monasterio de Sijena de una serie de obras de arte que, parece pertenecían al Monasterio. Pero falta una hombre. Falta una que ni siquiera los propios catalanes saben de su paradero, o al menos eso dicen. Lo que nos hace deducir, que vaya el control sobre las obras de arte, hombre no todas, afortunadamente, tienen los responsables de eso. Al final, como ocurre siempre, nadie será el culpable y a todos se nos quedará cara de tonto. Es la consecuencia de la impotencia.
En todo caso como ejemplo curioso de las cosas que nos ocurren, no está mal. Y todo ello en una época donde la sensibilidad catalana está a flor de piel y donde las decisiones que se van tomando, harían gracia si no fueran tan importantes para nuestro país.
Y dentro de todo este batiburrillo, viene la Sra. Colau, y dice que ella ha tenido una novia hace tiempo y que su bisexsualidad es síntoma de la modernidad que nos imprime el siglo XXI. Con un par.
No seremos nosotros quienes critiquemos en tono negativo la declaraciones que quiera hacer la Sra. Colau. Solo mostrar nuestra sorpresa. Sorpresa que, independientemente de la modernidad que suponga la declaración, parece, aunque no se confiese, que ha sido recibida por la gente en general.
Se anuncia la aparición de otra revista, ¿otra más? dedicada al mundo del corazón. Esto es Jauja.