TRIBUNA
El Corpus de Laguna de Negrillos: una joya del Patrimonio Inmaterial
F austino Ugidos se emocionaba al recordar el día que desfiló con la careta de San Sebastián: «Uy, decía, entonces un buen San Sebastián molía más de un par de zapatos en la procesión. Ahora… que había que saber, porque es muy cansado y si no sabes, no lo resistes». Son de estas frases que a un antropólogo se le quedan grabadas cuando se encuentra con un buen informante y él lo era porque tenía una memoria privilegiada. Faustino de niño había dormido al raso en las morenas cuando sus padres iban a segar a Campos. Tuve la suerte de entrevistarlo en las navidades del año 1980 gracias a mis amigos, José Luis Santos Durán, y de Eva, su mujer. Fue mi primer contacto serio con el Corpus de Laguna, y en aquella entrevista intuí la importancia de la fiesta para la Villa de los Quiñones.
La fiesta de Laguna de Negrillos es heredera de una de las celebraciones más importantes de la cristiandad desde que, en el año 1264, el Papa Urbano IV firmase en Orvieto (Italia) la bula Transiturus de hoc mundo , por la cual la establecía con carácter universal. Más tarde, en 1538, el P. Tommaso Stella, dominico, fundó una asociación para dar culto al Santísimo Sacramento que fue erigida en cofradía por el Papa Paulo III en 1539, con capacidad para agregar a otras con los mismos fines. La ubicación de la Archicofradía en la iglesia de Santa María de la Minerva en Roma, dio origen a que estas hermandades sean conocidas también como Las Minervas. En León, además de la capitalina que comparte cultos y ritos con la Vera Cruz, se documentan las de Benavides de Órbigo, Valderas, y Navianos de la Vega.
La fiesta de Laguna de Negrillos es una amalgama bien trabada de elementos religiosos que se alternan y a veces se confunden con otros profanos, porque perviven discursos eclesiásticos oficiales, pero expresados en clave local. Conserva retazos de representaciones teatrales barrocas reinterpretadas y evolucionadas según los criterios de los responsables de la fiesta a lo largo de los siglos. Mantiene magníficas manifestaciones artísticas y musicales, pero sobre todo importantes escenarios típicos de las villas paramesas. La procesión parte de la iglesia de San Juan Bautista, la parroquia centro del poder eclesiástico, se dirige hasta la iglesia de Santa María del Arrabal, tradicional centro de la religiosidad popular de la villa, y vuelve a la iglesia de donde partió. Aunque, como es lógico, el centro simbólico lo ocupa la custodia, sin embargo la figura central es el San Sebastián. Los danzantes vestidos de blanco con vistosos pañuelos cruzados sobre los hombros marchan delante bailando de cara a la custodia, encabezados por los guirrios de traje y careta negros con algunos detalles rojos, que con los látigos abren paso a la danza y espantan a los más atrevidos.
El cortejo procesional se forma con todas las imágenes que tienen o han tenido alguna cofradía, acompañadas por sus fieles. Pero lo más espectacular son los personajes enmascarados que representan a los apóstoles, a San Juan Bautista y a San Miguel. Cada apóstol se cubre con una máscara, y es reconocido por el público asistente porque lleva bordado en la esclavina el nombre, y porta en la mano los atributos con los que es reconocido en los altares (San Pedro las llaves y al cruz patriarcal, San Andrés cruz aspada, etc.). San Juan Bautista tiene un lugar destacado como titular de la parroquia, lleva en la mano izquierda un cordero que señala con la derecha como el «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». La imagen de San Miguel, con la cruz y la balanza de pesar las almas, figura como el vencedor del mal, pero el público espera con impaciencia la llegada de San Sebastián. Viste este personaje casaca negra con pechera y bocamangas rojas en las que van bordadas las estrellas de capitán, calzón corto negro, medias blancas atadas con cintas de borlas rojas, zapatos de hebilla y cruzado sobre el hombro un mantón de Manila. Porta espada al cinto en cuya empuñadura descansa la mano izquierda, mientras que con la derecha sujeta una flecha que apoya en la cintura. Tapa el rostro con una careta y cubre la cabeza con un bicornio con las iniciales S.S.M. (San Sebastián Mártir). Marcha delante del Santísimo con paso arrogante, llamativo, golpeando con fuerza el suelo por el que camina, apoyando primero el tacón y después la puntera en lo que pudiera ser una interpretación peculiar de un paso lento procesional.
Se dice que San Sebastián representa a un capitán de bandidos que acabó convirtiéndose y siguiendo a Jesús. Esta es una hagiografía muy particular y curiosa creada para dar coherencia a un personaje al que se ha querido equiparar con el Sebastián jefe de cohorte en la guardia pretoriana que murió mártir en la época de Diocleciano. La figura de San Sebastián, a mi juicio tiene su origen en los alardes del ejército del s. XVII, en los que cuerpos de la milicia hacían paradas en plazas públicas para demostrar su preparación bélica. De estas paradas militares copiaron los pueblos personajes que después incluyeron en representaciones religiosas populares, entre ellos nunca falta la figura del capitán, acompañada o no de otros mandos castrenses. En Laguna de Negrillos esta figura de mando se incorporó a la procesión con un papel estelar, el del personaje levantisco (capitán de bandidos) que lucha contra el orden social establecido. No olvidemos que bandido es la persona que está perseguida por contravenir las normas del poder y al que se le ha declarado peligroso mediante un «bando». La figura dentro del contexto procesional sirve para explicar que nadie puede triunfar al margen de la ley, al contrario, si es inteligente acabará reconociendo su error y volviendo al redil. Y así sucede en Laguna de Negrillos con el San Sebastián representado como personaje displicente con el poder religioso manifestado en la custodia, pero que al final mediante una teatral y ampulosa reverencia ante lo sagrado vuelve a aceptar las normas. Es significativo que la conversión se produce en la iglesia de Santa María del Arrabal, el templo que el pueblo consideraba suyo. La representación tenía un mensaje mucho más profundo de lo que ahora podemos percibir, es el triunfo del bien sobre el mal, del orden sobre el desorden, pero explicado y contado en clave local. La procesión tiene su origen en el Barroco. Aunque faltan estudios de archivo para poder datarla con más precisión, hay datos que corroboran la existencia de atrezos desde mediados del s. XVII en los que se alude a gastos hechos para comprar máscaras de santos y de diablos.
El corpus de Laguna es un ejemplo paradigmático de Patrimonio Cultural Inmaterial según la definición de la Unesco porque es la manifestación de todo un pueblo, que ve en esta celebración el elemento cardinal de su calendario festivo, porque en ella se sienten orgullosamente reflejados los vecinos y cercanos a Laguna. Además, condensa buena parte de la historia de la población, pone de manifestó la riqueza artística que conservan los templos de la villa y mantiene de una forma estructurada una serie de elementos que encontramos fragmentados en otras muchas fiestas del Corpus, lo que significa que un estudio serio y en profundidad de la fiesta de Laguna podría ser muy interesante para la compresión de la pluralidad de valores de las fiestas del Corpus en España e Hispanoamérica. Y por último, aunque quizás debería figurar en primer término, porque esta celebración patrimonial es una base magnífica para crear discursos que potencien y den coherencia al resto de los valores culturales, religiosos y festivos de la villa y así ser capaces de atraer la atención de visitantes interesados en el turismo cultural.