No se ha cumplido con la minería del carbón, no hay excusa con las cuencas
Casi treinta años de sucesivos planes para reestructurar la minería del carbón que, con eufemísticos nombres adaptados a las sensibilidades de cada tiempo, han dado como resultado de tanta previsión el desmantelamiento desordenado, nada sostenible y poco justo para la economía de las cuencas. A los sucesivos planes de inversión en infraestructuras se sumarán previsiblemente los que vengan a partir del próximo año. A no ser que, como ocurrió con el Marco de Actuación que ahora concluye, la pelea se haya centrado en intentar resolver (sin éxito definitivo) convenios anteriores, y dejar pasar el marco inversor del último plan en blanco. El retraso en todo lo que no sea ahogar a las empresas para liquidar la actividad ha sido tradicionalmente un ‘modus operandi’ de los gobiernos de distinto signo para marear la perdiz del carbón hasta cazarla sin posibilidad de reaccionar. Ahí la tienen.
El balance provisional del Marco de Actuación 2013-2018 deja sin embargo motivos para la reflexión. Quién sabe si para la esperanza, y con ello para el esfuerzo y el trabajo conjunto. El plan que ahora acaba ha resuelto y financiado el retiro de casi tantos mineros como empleos han generado las decenas de empresas que silenciosamente han ido asentando su negocio en las cuencas. Con ayudas públicas, pero con mucho más esfuerzo privado. No es verdad que los fondos destinados a la reconversión minera estén dilapidados y no tengan retorno. Al menos en el plano privado. Incluso con el retraso inexplicable de las gestiones y plazos para financiar esta iniciativa individual, pequeña y mediana, que las estadísticas demuestran que existe.
Si es así, si está ahí, potenciarla y consolidarla no depende sólo del fondo de ayudas del Gobierno y la Junta. Las cuencas, sus ayuntamientos, sus emprendedores, tendrán que implicarse a fondo para sentar las bases de un futuro que puede no ser tan negro como lo pintan.