El descalabro de la sanidad rural no encuentra remedio
Las movilizaciones de los últimos meses, intensificadas durante el verano, cuando se acentúan los problemas, han puesto el foco en el descalabro que sufre la sanidad en el entorno rural. Un servicio básico sin el que cualquier otra política de lucha contra la despoblación se queda en mera proclama política, vacía de sentido en la práctica del día a día de los pueblos. Mientras se anuncian medidas y comisiones para buscar soluciones a la desatención en la zona rural, siguen pendientes compromisos adquiridos con cabeceras de comarca cuyo incumplimiento afecta a más de 20.000 personas en el caso del área de salud de Astorga. Su centro de especialidades lleva cinco años en funcionamiento y las consultas comprometidas, que evitarían más de 25.000 desplazamientos de pacientes cada año hasta la capital, están en buena parte lejos de materializarse. A pesar de que el compromiso político apuntaba la entrada total en funcionamiento antes del final de una legislatura que está a punto de concluir.
El centro de especialidades de Astorga cuenta ya con especialistas en Salud Mental y Urología; y un internista que acapara (no sin polémica) otras de las consultas prometidas. Faltan, sin embargo, servicios como Anestesiología, Cirugía Mayor Ambulatoria o Endocrinología. El que en su día de promocionó como centro de referencia mantiene, sin plazo para remediarlo, un retraso inexplicable e intolerable. Y acumula otros déficits, como la plaza de pediatría que sigue sin cubrir. No son sólo pequeñas poblaciones con pocos habitantes que atender, que tienen los mismos derechos que el resto de los ciudadanos. El centro de especialidades de Astorga está llamado a dar servicio a miles de ciudadanos y concentrar la atención a una comarca entera. Y tampoco encuentra solución ni respuesta. El sistema sanitario exige un revulsivo con urgencia. La que tiene la salud de los miles de ciudadanos afectados.