León

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El 18 de septiembre de 1962 hubo parameses subidos a las acacias porque no cabían todos en la plaza de Santa María. Las pancartas le alababan y los gritos atronaban a sus pies cuando el Dictador se asentó en la tribuna. «Sólo dos palabras para agradeceros vuestro entusiasmo y para felicitaros por haber logrado el sueño de generaciones (los aplausos interrumpen a S.E.) de que el agua de vuestros ríos fecundase estas tierras y que donde antes había páramo haya mañana vergeles. Demos gracias a Dios que nos ha permitido cumplir la promesa de la España mejor y que en España empiece a amanecer», arengó el dictador, según recogía al día siguiente el Diario de Zamora de Falange Española de las JONS para dejar testimonio oficial. Hay quien recuerda una variación entre las loas de prietas las filas. La variante de la historia cuenta que Franco adornó su intervención con la promesa de que tendrían «agua para años, no para meses». Entonces, rememoran algunos presentes, dos truenos retumbaron y comenzó a caer un diluvio intenso, como en los relatos bíblicos, mientras la Guardia Civil no daba abasto para retener a todos los que intentaban huir con la intención de ponerse a cubierto del chaparrón.

Cincuenta y siete años después, la polémica de Vox en León rememora la visita del Generalísimo a la provincia, donde también despidió a la Legión Cóndor en mayo de 1939 y se entretuvo muchos veranos en pescar las truchas que le sujetaban con la sacadera. A pesar de esta historia, de los brazos en alto frente a la placa de la fachada de la iglesia de San Marcelo y a los camisas viejas que mudaron la piel, el revuelo se ha montado por descubrir que hay vínculos entre miembros de la Fundación Franco y el partido. Con la hipocresía del capitán Renault en Casablanca —«qué escándalo, he descubierto que aquí se juega»— los dirigentes, antiguos y nuevos, se intentan apartarlo de una herencia que impregna su programa y sustenta su estructura ideológica. No hay que ser franquista para votar a Vox, como quieren deslizar desde el lado contrario quienes ensalzan el comunismo de Radio Moscú y creen que un gulag es un plato de un restaurante con dos estrellas Michelín. Pero tampoco se deben negar las reminiscencias de una formación que, aupada en las encuestas, empieza a amanecer llena de arribistas sin escrúpulos. A ver cuántos salen corriendo cuando llueva a cántaros.

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