león en verso
Freír por freír
Ya lo avisó el profeta. La mayor parte de conversos al pesimismo procede de las masas que financian optimistas; se conoce que barruntó la amargura compartida junto al contador del surtidor del diésel, en ese suicidio colectivo de cada día, con salto del ángel opcional (mejor saltar a que te empujen), cuando al pagano se le facilita hasta el salero para que llegue sazonado a la sartén con aceite al punto de cocción. El olor a la fritura de impuestos se pega a los tejidos de poliéster como la pena al alma, hasta terminar por convencer al contribuyente de que es un trabajador más del Gobierno, pero sin necesidad de pasar por el trance de la oposición a funcionario. Estamos en una época de cambios vertiginosos.
Luego dicen del adoctrinamiento en los colegios, donde resulta fácil moldear el seso de los púberes indefensos ante corrientes que no son capaces de interpretar con espíritu de crítica; pero entre los seriales sobre la que se avecina, la filosofía de Maroto y el pescadero mayorista que no limpia pescado, los cuquis, el espetero y el vividor follador, los debates de al rojo que colea y al facha muerto, y otras entregas de instrucción de las televisiones italianas que las derechas pusieron al servicio de las izquierdas, escriben un manual de supervivencia para que la gente sepa lo que tiene que pensar frente a cada inconveniente de la vida.
Crear problemas para solucionarlos es la base de éxito en parte del desempeño político. Extraña que no se hable de economía, que es la madre del cordero, degollado, ahora que se atisba un trance similar a aquel de 2007 cuando Pizarro veía galgos y Solbes, necio, que no, que eran liebres lirondas. Tensión, tensión, le dijo Zapatero al gurú de la audiencia antes de que el gurú llamara a indignarse a los cachorros de las clases acomodadas. Otro gurú, que financia campañas para que las corrientes del mar Caribe bañen las costas del Cantábrico, aconseja que en estos tiempos lo que importa es saber cuánto ganas si tienes razón y cuánto pierdes cuando estas equivocado
Se lo pueden preguntar a los votantes, que se dejaron engatusar porque, en la primera cita, Pedro Sánchez se dejó tocar la cara interna de los muslos; nunca se imaginaron tan cerca del punto G. El mismo que ahora les sale sobreimpresionado en las mejillas, de la cara que se les ha quedado cuando ven pasar el cepillo de las ánimas.