AQUÍYAHORA
Moncloa, tenemos un problema
Y no es el de la convocatoria de huelga general, que a todos nos convendría desdramatizar un poco. El problema más grave que se le está planteando a la economía en estos momentos es el de una inflación que ha reaparecido con una fuerza difícil de controlar en los próximos meses. La inflación atenta contra la posibilidad de nuestras empresas de vender productos en el exterior, lamina el ahorro especialmente en un momento de bajos tipos y bolsas en crisis como el que vivimos, y resta capacidad de compra a las familias. De la fuerte subida de precios desde el mes de enero fueron conscientes, antes que nadie, las amas de casa al contemplar cómo el cambio al euro llevó aparejado un redondeo al alza en casi todos los productos. Sin embargo, el Instituto Nacional de Estadística (INE) tardó en darse cuenta de esa subida al empeñarse en considerar, por vez primera, el efecto de las rebajas durante el mes de enero. Es verdad que la subida de los precios petrolíferos están contribuyendo al crecimiento de la inflación, pero tenemos que reconocer que la euforia por la implantación de la moneda única y la autocomplancencia por los datos de los precios del mes de enero, han sido también dos factores decisivos. Mejor nos hubiera ido si, al tiempo de cantar las excelencias de una única moneda europea, hubiéramos puesto más énfasis en los riesgos y el descontrol que produce un cambio de este tipo. No tenemos que aceptar, impotentes, que el cambio de moneda lleve consigo una subida de precios, porque ello supondría despreciar un riesgo tan importante para cualquier economía como es la inflación. Han faltado advertencias y recomendaciones a empresarios y consumidores y, sobre todo, control. Si se trata de velar porque las familias españolas dispongan de una mayor capacidad de compra, tan importante es bajar los precios como controlar la inflación.