EL MIRADOR
Y ahora Gibraltar
DESPUÉS de las cabras, los monos. Arreglado que hemos el suicidio de varias cabras en Perejil -lo que un responsable de Defensa ha llamado «página heroica»-, es urgente ocuparse del futuro de los monos de Gibraltar, que, por una relación de fuerzas infausta, están mejor protegidos de la legión que las cabras. En lo de Gibraltar se juntan tantos cinismos históricos, tantos atavismos sin revisar y tantas vanas tonterías humanas que deberíamos intentar algo radical como cedérselo -España e Inglaterra- a los monos para siempre para que montaran un parque de la naturaleza libre, o simplemente obligarnos a pensar más en el asunto y cederles -Inglaterra y España- la roca fea a los llanitos, que, al fin, son los que echan de comer a los monos. Los llanitos que parecen andaluces y de pronto arrancan a hablar como si fueran de la BBC. Nuestros libros de Historia dejan bien claro que el comportamiento de los británicos ha sido tan impresentable en el caso de marras como en otros cientos de casos. Pero es fácil barruntar que los manuales británicos presentan esta rapiña como una aventura henchida de honor y de heroísmo. Los comportamientos de las naciones casi nunca se corresponden con los principios éticos que individualmente defienden sus ciudadanos. Los biógrafos de Drake, a quien su Protestante Majestad daba permiso para robar a los españoles, dan del pirata una imagen que ni San Martín de Porres. En cambio, la única obsesión de los españoles que andaban por ahí era librar a los paganos de las tinieblas. Por eso sorprende tanto que tantos bestsellers excelentes escritos en inglés retraten a nuestros compatriotas como gente zafia, desleal, prácticamente morisca. Esos bestsellers están al alcance de todos y, cuando los leemos, nos molestan un poco. Tal vez por eso los editores han olvidado a autores como el italobritánico. El risitas Blair y el ceñudo Aznar se enfrentan sobre Gibraltar como dos capitanes antiguos. Probablemente ninguno quiera perder pero ninguno podrá ganar del todo.