«Pixi» necesita ayuda ¿Impuesto revolucionario? Una organización cuestionada

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León

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«Pixi» es una pequeña perrita que ha tenido hasta ahora una vida poco afortunada. Su dueño la abandonó cuando tenía un par de meses. A continuación, la Protectora de Animales la acogió durante su primer año. Estos animales que durante toda la historia han servido, acompañado y alegrado la vida del hombre con una lealtad absoluta, observan cómo hoy, y en muchas ocasiones, éste le da la espalda. Regresando de nuevo a la historia de «Pixi», la realidad es que por fin su vida se ha empezado a enderezar gracias a la generosidad de una persona que la acogido en su hogar. Y, pese a que tendría todo el derecho del mundo en reprocharnos el trato que ha recibido hasta hace poco, como haríamos muchos de nosotros, es una perrita enormemente cariñosa, agradecida y jovial, que paga con creces todo lo que recibe. Pues bien, «Pixi» necesita de nuevo la ayuda de tres personas que se hagan cargo de otros tantos cachorros de los cinco que hoy lleva en su barriguita y que verán la luz en escasos días. Dos ya tienen dueño. Mi nombre es José María y mi teléfono es el 670 860 464, que desde hoy pongo a vuestra disposición desde las 10 de la mañana a las 10 de la noche, todos los días de la semana. Me comprometo a desplazarme a vuestro domicilio, el día y hora que me indiquéis, para mostraros y entregaros, si lo aceptáis, alguno de esos cachorros. También tenéis mi palabra para recogerlos de nuevo si no son de vuestra entera satisfacción. Asimismo, me ofrezco para prestaros mi ayuda económica en el caso de que vuestros recursos sean insuficientes para afrontar los gastos que los mismos conllevan inicialmente (vacunas, medicamentos y la atención de un prestigioso veterinario, principalmente). Muchas gracias. José M. Carrillo Bermejo (León). Pues bueno, se paga, qué le vas a hacer. Da lo mismo el que pongas la cruz en la declaración de la renta en ayuda a la Iglesia o para ayuda a la asociación de cría de, por poner un ejemplo, osos panda destetados. Al final, vamos a tener que pagar por visitar nuestras catedrales y, si vas a misa, te conducirán directamente a la capilla donde se vaya a celebrar el evento eclesiástico. Lo difícil, en la catedral de Burgos, es pasar hacia el fondo sin fijar la vista en el Papamoscas y, como cualquier paisano espartero, al no ir a recibir la santa ofrenda, se encuentre con un tiquet que le marque un euro, poniéndolo por lo bajo, por haber cometido el atrevimiento de admirar algo que es patrimonio de la Humanidad y no sólo de unos pocos, precisamente que no sólo no pagan sino que además cobran, la va a armar y con razón. Y mientras tanto, el Estado que se supone somos todos, sigue poniendo dinero, no sé si lo suficiente, alguna vez tendría que aclararlo, para mantener esa riqueza cultural que, como de todos es, todos tendríamos que disfrutar libremente. Hay una cosa que está clara; si el patrimonio artístico es de todos, el cobrar una entrada por disfrutarlo es un atraco, poco menos que un impuesto revolucionario. Preferiría pagar un impuesto para mantener limpio nuestro medioambiente, para que hubiera unos medios suficientes para que, como en el caso del «Prestige», se hubiese puesto fin a la tragedia que supone para miles de familias aunque los responsables de arreglar tal desaguisado hubieran estado de cacería o de fiesta rociera. Estamos en la de siempre: ¿De quién son las catedrales? Las playas sabemos que son nuestras y así están, pero, al menos, no las tenemos que pagar dos veces. Aquilino Laserna Perea (La Virgen). Mónica Álvarez dice: «Estimado señor director, me dirijo a usted para manifestarle mi indignación y decepción hacia la organización de la Escuela de Ingenieros Técnicos de Minas de León en el día de su festividad. Soy ingeniero y técnico de Minas, conseguí dicho título en la convocatoria de septiembre y el pasado 3 de diciembre acudí, por primera y última vez, junto a mi familia, amigos y compañeros, a la celebración de la festividad de nuestra patrona Santa Bárbara puesto que ya concluí dichos estudios. En dicho acto tenía lugar la imposición de la banda a la madrina de la promoción, Cristina Pombriego Álvarez, imposición de la insignia de oro y brillantes a don Antonio del Valle Menéndez y la entrega de diplomas a los graduados y la imposición de insignias del Colegio Oficial de Ingeniería Técnica de Minas de León, Palencia, Burgos y Cantabria. Pues bien, la imposición de insignias y recogida de diplomas de manos de los componentes de la presidencia para los alumnos de la 35 Promoción de Ingenieros Técnicos de Minas fue realizada de manera tal que el señor secretario de la misma Escuela nombraba a todos los alumnos, de forma secuencial y por orden de especialidad y convocatoria. Mi sorpresa, al igual que la de cuatro compañeros más allí presentes fue que nuestro nombre no se pronunció en el apartado correspondiente a la especialidad de instalaciones electromecánicas ni de ninguna otra. Haciéndoselo saber en el mismo instante, pero sin más preámbulos ni observaciones, se continuó con el acto. Es para mí triste y lamentable que, después de dar y compartir con profesores y demás personal perteneciente a dicha Escuela los días más importantes de mi vida como estudiante, he llegado a la conclusión de que no se nos respeta ni se nos tiene en cuenta en un acto tan esperado y significativo para nosotros, porque aunque éramos esenciales en la participación, no éramos prioritarios como así se demostró. Manifestar mi inconformidad, junto a la de mis compañeros, y decepción ya que no pude compartir la alegría, ilusión y celebración merecida con todos aquellos compañeros que se levantaron y pudieron estrechar su mano a la vez que recibían la entrega del diploma por parte del magnífico y excelentísimo señor rector de la Universidad de León, así como el ilustrísimo señor don Fernando Fernández, director de la Escuela de Ingeniería Técnica Minera de León, mientras eran fotografiados y elogiados por sus familiares y compañeros, llevándose un recuerdo inolvidable que nosotros cinco no tendremos. A día de hoy destacar que no hemos recibido ni nosotros, ni nuestros familiares allí presentes, ninguna razón que justifique dicho error por parte de la dirección ni del personal competente de la Escuela de Ingeniería Técnica Minera de León donde entre muchas anécdotas y conocimientos adquiridos se aprende que rectificar es de sabios y sin embargo mi situación, y la de mis cuatro compañeros, se ha ignorado. ¿Nos merecemos después de tanto tiempo este desprecio?».

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