Jorge Díez Fernández

Concejal Del Grupo Popular En El Ayuntamiento De Santovenia De La Valdoncina

Supervivencia en la Moncloa: el agotamiento de un libreto

Creado:

Actualizado:

La política española se ha convertido en una representación teatral donde Pedro Sánchez interpreta, función tras función, su propio «Manual de Supervivencia». El problema es que el público ya conoce el guion de memoria. El patrón se repite con precisión mecánica: primero llega la sorpresa, después la negación rotunda, luego las acusaciones a los medios, más tarde la indignación victimista —con vestimenta de gala incluida— y, finalmente, el contraataque feroz contra quien ose desafiar el relato oficial.

Pero los manuales se desgastan con el uso. La ciudadanía, hastiada de ver la misma obra, ha empezado a distinguir los hilos que mueven a los personajes. Ya no se sorprende con el giro final; ve el truco del prestidigitador. Comprende que las purgas no buscan regeneración, sino supervivencia política. Que detrás del telón, el espectáculo de la impunidad continúa. Capítulo I: El Arte del Victimismo Ante los escándalos de corrupción, el presidente ha desplegado este capítulo con precisión quirúrgica. La puesta en escena es impecable: maquillaje, vestuario, gesto grave, medidas que suenan contundentes —expulsiones, auditorías, comisiones— y un perdón que él mismo califica de «inédito». Convenientemente olvida que ese mismo perdón le pareció insuficiente cuando lo pronunciaba Mariano Rajoy. La realidad desmiente el relato. Las medidas anunciadas, calificadas de «insuficientes» hasta por sus socios de gobierno, no buscan limpieza profunda sino encapsular el escándalo. Se trata de salvar el cesto sacrificando algunas manzanas podridas. ¿Cómo hablar de «organización limpia» cuando la corrupción anidaba en Ferraz y la destapó la Guardia Civil, no los controles internos? ¿Cómo sostener esa narrativa cuando dos secretarios de organización consecutivos han caído bajo sospecha? Capítulo II: La Hipocresía Ideológica El capítulo más grotesco del manual se refiere a la impostura ideológica. Los casos de prostitución vinculados al PSOE no revelan solo corrupción individual, sino hipocresía institucional que dinamita la credibilidad del partido en una de sus banderas: el feminismo. Los audios judiciales muestran a figuras del poder hablando «de forma vulgar y denigrante sobre la distribución de mujeres y sus servicios». Lo hacían apenas un mes después del 8 de marzo, cuando el partido se erigía en líder del feminismo español. La impostura alcanza su clímax al constatar que, en diciembre de 2018, semanas después de que Ábalos iniciara su relación extramatrimonial, el PSOE incluyó por primera vez la abolición de la prostitución en su agenda. Mientras se debatía formalmente sobre abolir ciertas prácticas, en privado se negociaba un apartamento para Jessica en la Plaza de España, elegido por su proximidad a Ferraz. El mismo partido que criminaliza a la oposición por «no tener altura moral» guarda silencio calculado sobre sus escándalos internos. Capítulo III: El Chantaje Democrático Cuando se agotan la retórica y la hipocresía queda expuesta, el manual recurre a su capítulo más oscuro: el chantaje democrático. La premisa es simple: la supervivencia del gobierno justifica cualquier medio. Esto incluye la autoamnistía, que en Bruselas no se interpreta como gesto por el «interés general», sino como «descarnada transacción por el poder». Es la lógica de la conveniencia mutua: unos otorgan impunidad a cambio de votos para la investidura. Este chantaje se resume en la frase: «Más vale un gobierno de izquierdas corrupto que uno de ultraderecha». Y se explicita una amenaza a los ciudadanos más vulnerables, agitando el miedo a perder las ayudas estatales si cambia el gobierno, ligando su pago a su gobierno. Se desafía a la oposición a una moción de censura, no por fortaleza, sino por cinismo, sabedor de que tiene bien atados los apoyos de quienes le sostienen por conveniencia. El Alto Coste de la Supervivencia Lo que ocurre en España no son errores aislados, sino síntomas de un patrón sistémico que incluye corrupción, hipocresía ideológica, manipulación electoral e intercambio de favores. A esto se suma la sombra de duda sobre la legitimidad del propio presidente, tras las revelaciones de unas primarias presuntamente amañadas. El país asiste perplejo a este espectáculo. Un país «pendiente de lo que una sola persona quiere hacer con su vida», convertido en «rehén político de su propia corrupción». El descontento ya no es patrimonio de la oposición; se filtra por las grietas del PSOE, con barones y alcaldes pidiendo adelanto electoral para no verse arrastrados por el fango. Cuando las decisiones se basan exclusivamente en la supervivencia personal, cuando la transparencia se sustituye por cortinas de humo y la rendición de cuentas por el ataque al mensajero, las instituciones se degradan. Se instaura la percepción de que todo vale, de que la corrupción es un peaje inevitable. La Pregunta Final: La cuestión ya no es si Sánchez debe dimitir. La pregunta es cuánto más puede resistir una democracia con un presidente que ha perdido toda credibilidad moral, nacional e internacional. La respuesta la tienen los españoles. Y las instituciones europeas, como se ha visto, están tomando nota. Los hechos, basados en informaciones judiciales y policiales, hablan por sí solos. El telón debe caer cuando el público deja de aplaudir. Y ese momento parece cada vez más cerca, hasta el presidente en ayunas, sabe que no tiene ninguna posibilidad de seguir en el cargo cuando el pueblo vote.