Oswaldo Smarrelli Torrealba

Si quieres, puedes. ¿Realmente es así?

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Si quieres, puedes. ¿Cuántas veces lo has escuchado? en colegios, universidades, RRSS, talleres motivacionales, en fin, muchos la repiten como si fuera suficiente para que la vida cambie, pero que pasa cuando se quiere algo con todas las fuerzas y no se puede alcanzar, la frustración que se genera tras no lograrlo o de las veces que el talento o inteligencia no son suficientes y el azar o el contexto juegan en contra. Mientras reflexionaba sobre esto, me encontré con la noticia de que Rafael Nadal recibió el título de Marqués de Llevant de Mallorca, sin lugar a duda, un reconocimiento que celebra sus títulos, su carrera ejemplar y su espíritu de superación, tan cierto es, que investigando un poco sobre su carrera me topé con una entrevista donde dijo algo así: «Lograr aquello que has soñado te hace feliz, pero lo que realmente te llena es recordar el esfuerzo que hiciste para conseguirlo». Esta reflexión le imprime al proceso un goce superior al del resultado y quizás sea la clave para entender que hay detrás de la frase «querer es poder».

Empecemos por preguntarnos: ¿Por qué algunos lo logran y otros no? Es claro que no basta con desear algo y cruzar los dedos para que las circunstancias conspiren a nuestro favor, entonces precisemos que querer, es un paso, pero no el único, es apenas la chispa, el deseo con el que comienza toda transformación, sin embargo, el combustible, eso que viene luego y que permite que la chispa se convierta en una llama firme y permanente es más complejo, es una mezcla de elementos. Hay quienes a pesar de tener esa chispa esperan condiciones ideales para actuar, si no ven no creen, he conocido personas que me parecían destinadas a algo grande, poseedoras de un talento natural, pero se quedaron en esa fase inicial, otros en cambio, eligen «creer antes de ver» y construyen en medio de la incertidumbre, estos son lo que suelen avanzar, los que se fortalecen mediante la disciplina, se mantienen activos mientras otros duermen o descansan, se mantienen enfocados cuando aparece la frustración o los obstáculos, fortalecen su determinación y no aceptan la rendición, es justo ahí donde inicia la diferencia, cuando se sigue a pesar de no ver resultados, cuando nadie aplaude, cuando nadie observa ni apoya. Más allá del talento y la disciplina, existen factores que pueden inclinar la balanza en un emprendimiento y obligan a cuestionarnos si es posible que ¿dos personas con igual nivel de disciplina y talento pueden alcanzar resultados distintos? El contexto, las oportunidades, las redes de contacto, el acceso a educación y recursos e incluso el azar conforman una combinación de variables que efectivamente pueden inclinarla balanza a favor de uno y no de otro, no siempre es cuestión de méritos. Igualmente, importante es reconocer que los obstáculos, bloqueos o fracasos no son el final del camino, son fuentes de aprendizaje, son pausas para decidir si cambiar de dirección o seguir adelante con un plan más sólido y nuevas estrategias, son crecimiento real, Thomas Edison lo dejó muy claro cuando dijo: «No son fracasos, he conseguido saber 1.000 formas de cómo no se debe hacer una bombilla». El impacto social de la frase «si quieres, puedes» es alto, sugiere que no triunfar es un fallo personal, cuando la realidad es mucho más compleja, no existe un modelo único de éxito, cada persona tiene sus propias metas y alcanzarlas serán su éxito, las cuales no necesariamente coincidan con las metas de otros. El primer paso para avanzar con propósito es concebir una definición de éxito propia, no de terceros, pues, quienes no comprenden esto terminan corriendo carreras que no eligieron, persiguiendo modelos de vida fabricados en las vitrinas de las redes sociales o acaban frustrados porque la meta, en lugar de acercarse, cada vez parece más lejos. En el mundo empresarial sucede algo similar, se habla del éxito como sinónimo de crecimiento exponencial, conquista de mercados, facturación millonaria o convertirse en el próximo unicornio, pero, estos son realmente los únicos modelos de éxito, son el enfoque que da sentido a toda organización o equipo, creo que no, cada negocio tiene sus particularidades, su mercado, su grado de influencia y no todos son gigantes, porque el pulso de una empresa lo vive quien lleva sobre sus hombros su crecimiento y sobre todo, su estabilidad, aquellos que con plena conciencia redefinen el éxito en sus propios términos. Que cada persona o empresa forje su propio éxito no significa que los retos desaparezcan ni que el esfuerzo deje de ser necesario, los desafíos están ahí y seguirán esperando a quien decida avanzar, esto no se trata de justificar la mediocridad o la comodidad, se trata de saber identificar qué significa crecer para ti y comprometerte con ello, pues, la receta más segura para el éxito es la que cada uno construye para sí mismo, porque el éxito que importa, el verdadero, el que permanece es estar en paz con lo que eres, con lo que construyes y con lo que realmente deseas, pero siempre con un propósito claro delante y sin miedo a los retos que ese camino te exija afrontar. La frase «Si quieres, puedes» es útil como estímulo, pero no debería ser una sentencia, quizás sería mejor decir: «Si quieres, inténtalo» pero prepárate, porque necesitarás disciplina, constancia, estrategia e inteligencia para proyectar tu propio éxito y disfrutar del proceso sin quedar atrapado en estándares impuestos por otros. Y entonces, se reconocerá que se pudo, no por azar, sino porque lo quisiste, lo intentaste y diste todo lo necesario para lograrlo.